ELEGI LA UAH - TESTIMONIOS DE ESTUDIANTES

Lo importante es jugar al juego literario

Joaquín Pérez Arancibia
Estudiante Pedagogía en Historia en la Universidad Alberto Hurtado.

Todo comenzó en Santiago cuando entró a estudiar Pedagogía en Historia en la Universidad Alberto Hurtado y no le gustaron los textos que leía: “la forma era muy latosa”, comenta. Ya tenía 18 años y aparecieron en su vida los títulos del argentino Ernesto Sábato quien le señaló el camino: “Aprendí a amar con él”, confiesa. Hoy su pasión es la literatura que lo mueve a corregir hasta el cansancio a nuevos escritores.


Joaquín Perez

Es de esos jóvenes que de niño pasaba en la calle y nunca tuvo contacto con los libros. “En Cañete no habían librerías y en mi casa no habían libros, salvo un resumen de Subterra de Baldomero Lillo”, responde Joaquín Pérez cuando se le pregunta de dónde nace su pasión por la literatura. A lo más tuvo un profesor que le inculcó “ser humanista”y “saber harto de todo”, pero no la lectura en sí misma.

Todo comenzó en Santiago cuando entró a estudiar Pedagogía en Historia en la Universidad Alberto Hurtado y no le gustaron los textos que leía: “la forma era muy latosa”, comenta. Ya tenía 18 años y aparecieron en su vida los títulos del argentino Ernesto Sábato quien le señaló el camino: “Aprendí a amar con él”, confiesa. Hoy su pasión es la literatura que lo mueve a corregir hasta el cansancio a nuevos escritores. “Escribo mucho, los ensayos me gustan muchísimo. Escribo bastante, pero corrijo demasiado, un texto no lo suelto después de veinte lecturas y me tomo tres meses”. Hoy Joaquín es coeditor de Carbonada un sello independiente que dio sus primeros pasos en la Universidad Alberto Hurtado publicando a los estudiantes que se atrevían a escribir.

Parte de su vinculación literaria recuerda pasó por las obras de Gabriela Mistral, Manuel Rojas y la narrativa del anarquista José Santos González: “Son autores que se sentían en la marginalidad y me reflejaban un poco”, dice. Y es que Joaquín, oriundo de Cañete, llegó a Santiago junto a su familia a vivir en una pieza en la comuna de Conchalí y luego se cambió a una casa en Quilicura. Han pasado años del traslado, pero hasta el día de hoy se siente un recién llegado a la capital.

“El cambio fue bien traumático, pero me resigné, me gusta Santiago porque hay de todo: librerías, bibliotecas y conciertos, pero no la tranquilidad del sur. Acá uno pregunta con quién tengo que hablar y te dicen con el conserje, allá nombramos a las personas por su nombre. Ha pasado tiempo y no me deja de sorprender que sigo siendo extraño en Santiago”, comenta.

¿Qué es para ti un texto bien escrito?
-Las pautas para saber qué textos están bien o mal escritos me las dieron los libros malos como el de Pablo Simonetti, Marcela Serrano, El Código de Da Vinci, son malos y pobres en su argumento, en la repetición de palabras y en su estética.

-¿Con esa mirada quiénes escribirían bien?
-Teresa Wilms Montt o Guadalupe Santa Cruz por ejemplo. Ambas escriben, aunque en períodos muy distintos, de una manera tal que cada palabra queda dando vueltas en uno como si hubiese sido una cuerda tocada cerca de su caja de resonancia. Ahí hay tensión, un forcejeo entre palabra y palabra, pero a la vez dialogo y amistad, porque entre la inmensa amplitud de onda que genera cada palabra también se producen roces con otras que terminan por generar una buena oración o un buen verso. Teresa es la poesía en sus Diarios íntimos y Guadalupe es la poesía en sus ensayos.

-¿Cómo coeditor del sello Carbonada qué significa para ti publicar en Chile?
-Para mí es tremendamente agradable, no es un trabajo, es un proceso vital. En la Universidad hay muy poco cabro que tiene la intención de publicar, nosotros el semestre pasado publicamos a dos jóvenes, pero fue una pelea constante decirles ¡escribe!Me molesta eso que sean tan poco corajudos, les falta apostarse a sí mismos, si total si se equivocan no pasa nada, se pueden retractar, lo importante es jugar al juego literario. Y son tan buenos, un ensayo de ellos llegó hasta las manos de un escritor de la Sociedad de Escritores de Chile y la crítica fue muy buena. Ojalá se den cuenta que pueden hacer cosas de calidad, con disciplina, porque escribir es muy metódico, por ello creo muy pocos se atreven.
El sello Carbonada nace en el 2014 junto al librero callejero Miguel Suazo Neira que en la vereda de la calle Almirante Barroso vende sus libros en una pañoleta de color azul. Con Joaquín se conocieron haciendo vida literaria esa que une en la calle a los interesados en historias y nuevas propuestas. Suazo es un gran conversador y acoge a quien decida hacer a dialogar en vez de transitar. “Una conversación en Barroso es primordial”, comenta Joaquín.
El sello Carbonada hasta ahora es una editorial autogestionada, las portadas de los libros son en blanco y negro y han recibido ayuda de la Universidad Alberto Hurtado. El primer año se autofinanciaron y el 2015 postularon al Fondo Activa tus Ideas que ganaron y que les permitió financiar parte del concurso de cuentos, producir los lanzamientos y la publicación de 200 ejemplares que se distribuyeron gratuitamente. Y ahora qué viene: profesionalizarse.

-¿Cómo eligen publicar?
-Primero tenemos una línea que es aceptar literatura esencial como “El árbol de la memoria” de Jorge Teillier que es un libro capital. Indagamos en blogs y encontramos buenas propuestas. El año pasado hicimos un concurso de cuentos y aparecieron nuevos nombres. La idea es que los jóvenes lleguen al sello con sus trabajos, pero termina siendo al revés, nosotros los encontramos y les decimos escriban. Tenemos un diagnóstico actual de la literatura bien pobre, decimos que esto es como hacer surf, una quijotada frente a un estado de cosas que no se sostiene y que son complejas.
-¿A qué te refieres cuando dices “ese estado de las cosas” a los movimientos sociales a la ciudadanía empoderada?-
-En todo, la sociedad se olvidó de ser sociedad y la hemos convertido en grupos individuales que no buscan trascendencia, no tenemos utopía, no hay nada en qué creer, y hay cosas más trascendentales que tomar micro para irnos a la casa. La alegría la debemos construir todos, los escritores son muy pocos, la producción es muy poca espero que la gente que hace literatura tenga un horizonte más positivo.
-¿Dónde funciona Carbonada?-
-Todas las decisiones las tomamos acá en la Universidad, pero funciona en mi casa, ahí imprimimos, perforamos y después ponemos todos los libros encima de las copias para que se aplasten y queden perfectas.
– Y a propósito del debate del Premio Nacional, ¿Cuáles son tus candidatos?-
-German Marín, Elicura Chihuailaf, Carmen Berenguer a todas luces y Elvira Hernández está lista hace rato, ha sido candidata tres veces.

-¿Es importante ganarse el Nacional?
-Todos los escritores dicen que no les importa, pero todos lo buscan. Yo trato de separar lo que hace el Estado del gobierno, este es un reconocimiento del Estado a sus artistas. A mí me parece que es necesario. Pero me pregunto: ¿En qué momento se lo deben ganar?¿Qué premia el Nacional? ¿La calidad literaria o la trayectoria? Porque tengo la sensación de que se premia muchas veces la trayectoria, cuando debiese premiarse la estética misma. De lo contrario sería como leer un libro primero partiendo por el curriculum del escritor, lo que es totalmente ajeno a lo estrictamente literario.