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4 de Octubre 2017


Encuesta CHile Dice: Y  dónde se nos fue el vivir juntos? 

Los primeros resultados que nos entrega la encuesta Chile Dice, realizada por el departamento de Sociología de la UAH (entre julio y septiembre del año en curso), viene a reafirmar resultados  y análisis que se desprenden de otras encuestas  o de  informes  como los que confecciona el programa del PNUD chileno [1].  Hemos caracterizado esos resultados del “decir” de chilenos y chilenas respecto a sus problemas y expectativas, como un reflejo de las modificaciones del vínculo social –por tanto, de la subjetividad social y política-, sucedidas al calor del proceso de modernización neoliberal impuesto en el país, desde fines de los setenta y comienzos de los ochenta…

Pablo Salvat, académico Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales UAH.

Los primeros resultados que nos entrega la encuesta Chile Dice, realizada por el departamento de Sociología de la UAH (entre julio y septiembre del año en curso), viene a reafirmar resultados  y análisis que se desprenden de otras encuestas  o de  informes  como los que confecciona el programa del PNUD chileno [1].  Hemos caracterizado esos resultados del “decir” de chilenos y chilenas respecto a sus problemas y expectativas, como un reflejo de las modificaciones del vínculo social –por tanto, de la subjetividad social y política-, sucedidas al calor del proceso de modernización neoliberal impuesto en el país, desde fines de los setenta y comienzos de los ochenta. Proceso que, por lo demás, fue de la mano con el   reacomodo globalizante del capitalismo financiarizado y desregulado, en alianza sui generis con la ciencia y la técnica y un Estado nacional jibarizado y modificado [2]. El modelo neoliberalista modifico el ethos nacional republicanista, privatizando a los sujetos-ciudadanos y al propio ejercicio de la cosa pública (además, claro está, de la economía, la producción, la ciudad, la salud, y un largo etc) . El sujeto-ciudadano se trocó en individuo-emprendedor-consumidor; en empresario de sí mismo [3]. No era posible revertir la marcha democratizante que se venía expresando  en el país hasta el año 73, e imponer un nuevo modelo de economía política y sociedad desde arriba, sin modificar al mismo tiempo el ethos o sentido común republicano. Para eso había que someter el conjunto de instituciones –desde la educación hasta la política-, a los criterios de mercado –ahora, transnacional-  y al cálculo costo-beneficio [4]. Todo lo cual ha terminado por modificar el paisaje espiritual de la sociedad chilena.

Si por “espíritu humano” entendemos el ejercicio de nuestra capacidad de asombro, la toma de  distancia frente a nosotros mismos, a la realidad exterior,  a los otros;  el  reflexionar  y cuestionar críticamente, una y otra vez, el sentido y significado de los actos y cosas; si lo relacionamos con el esfuerzo histórico permanente  por poner bajo nuestra dirección los sucesos y asuntos del mundo y del vivir juntos, entonces podríamos decir que el modelo neoliberalista globalizado ( y su poder comunicacional) pone en entredicho, tiende a alienar (desposeer) permanentemente la expresión de esa espiritualidad. Nadie se hace responsable ni responde por el dolor o sufrimiento ajeno.  Por eso mismo el miedo e inseguridad del diario vivir: se camina como por una cornisa y cualquier paso en falso puede ir a dar al suelo con nuestra salud, nuestras cosas, nuestro trabajo, las amistades, la anhelada  “tranquilidad” o los “sueños” de futuro (tener una buena casa y una buena profesión) [5].

Es quizá lo que algunos llaman: un intento de producir un país “borrego”, domesticado, privatizado ; encerrado cada cual en sí mismo, en sus deudas, en los suyos más cercanos, en la tele, y en la puja por “escalar” socialmente. Sin embargo, al mismo tiempo que se da esta asunción cotidiana de una  ética mercadista,  se demanda al Estado por  condiciones para una vida más segura. Según la encuesta Chile Dice,  los cuatro problemas centrales que tenemos como país serían, en orden de mención: salud, inseguridad y delincuencia, empleo, y educación. Pero, quién tendría que  hacerse cargo de éstos?  En buena medida, el propio Estado. Pero, no se quiere que  suban los impuestos para compartir las cargas;  tampoco se dice que sería bueno que los que más tienen y ganan, paguen  y contribuyan  más a mejorar la vida de todos (un mejor reparto o redistribución de la riqueza). No pues.  Ya lo dijo el dictador Pinochet y sus seguidores: hay que cuidar a los ricos. Ricos y financistas tienen que tener condiciones jurídicas especiales,  sólo para ellos, y no se pueden tocar.  Todo puede sacrificarse pareciera, por años y años, menos la nueva religión  del crecimiento y el capital. Los chilenos y chilenas, privatizados como están en su mentalidad , no ven por ahora la incidencia en su propia situación – de permanente incertidumbre-, que tiene la lógica  de  mercado y el capitalismo imperante; no ven la incidencia que tienen las desigualdades existentes, la concentración de la riqueza y el patrimonio,   la corrupción privado-publica (la desigualdad y la corrupción solo reciben un 2% de atención como  problema nacional) [6].

La reproducción constante del miedo, la inseguridad, la desinformación, la filosofía de la banalidad y lo superfluo, de lo inmediato; la ausencia   de un  debate argumentado, son claves para el sistema imperante [7]. Garantiza por ahora el inmovilismo, el descompromiso público, el des-interés por los asuntos comunes, o la imposibilidad de imaginar mundos distintos.   Queda flotando entonces la pregunta: nos interesa  vivir juntos como iguales?. Qué es la república para nosotros? Sólo una forma de orden político  que no tiene monarcas visibles, pero que se rinde frente a los nuevos soberanos privados supraestatales y ajenos  que –aunque nadie ha elegido,  instituido y legitimado- determinan y  hacen impotente la opción, voluntad y participación ciudadana? [8]. Como para darle más de una vuelta, no le parece lector/lectora?

 

[1] Véase el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD-Chile: Los tiempos de la politización. Santiago, Junio, 2015.

[2] Cfr. N.Lechner, Las sombras del mañana. LOM-Santiago, 2002,En particular, capítulos 2 y 3.También, Z. Bauman, En busca de la Política. Fondo Cultura Económica, BsAs, 5ta reimpresión, 2011, Especialmente capítulos 1 y 2.  También, de Juan Carlos Monedero, Curso urgente de política para gente decente. Seix-Barral, Barcelona, 5ta reimpresión,2013.

[3] J.C.Monedero, Disfraces del leviatán. Akal, Madrid,2009. De Franz J. HInkelammert, El retorno del sujeto reprimido. Editorial EUNA, San José, 1era reimpresión,2005. P.Barcellona, Postmodernidad y Comunidad. Trotta,Madrid, 3era edición,1999. J. Gray, Falso Amanecer. Los engaños del capitalismo global. Paidòs, Barcelona, 2000.

[4] Véase, de F.J.Hinjelammert, “El capitalismo cínico y su ideología: la crítica de la ideología y la crítica del nihilismo”, en El Nihilismo al desnudo. LOM- Stgo, 2003.

[5] Véase de N.Lechner, “Responde la democracia a la búsqueda de certidumbre?”, en Obras Escogidas, Vol.1, LOM-Stgo, 2006, pp.423 y ss.

[6] Véase el Informe PNUD-Chile, Desiguales, Stgo, 2017. También, de G. Therborn, La desigualdad mata. Alianza editorial. Madrid, 2015.

[7] Desde T. Hobbes,  la cuestión del miedo en política pasa a ser un nuevo ingrediente constitutivo del poder y su ejercicio moderno. Véase, de T.H., Leviatán. Varias ediciones.

[8] Cfr. J. Habermas, Problemas de legitimación del capitalismo tardío.  Amorrortu, BsAs,1983. De J. Miras Albarrán, Praxis Política y Estado Republicano. El Viejo Topo. España.2016.