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11 de julio 2018


Ordenar la migración: las fronteras como espectáculo

Columna de opinión de Carolina Stefoni, académica Departamento Sociología y del Programa Interdisciplinario de Estudios Migratorios (PRIEM), Universidad Alberto Hurtado.

Carolina Stefoni, académica del Departamento de Sociología UAH.

Ordenar la casa en materia migratoria ha sido sin duda una buena estrategia comunicacional ya que apela a un elemento doméstico deseado por casi todas las personas: ¿quién no quisikera tener si hogar ordenado, limpio y bien organizado? Sin embargo detrás de esta figura se esconde una realidad compleja, paradójica y que requiere la complementariedad de múltiples miradas de manera de evitar la dicotomía buen y mal migrante que se ha venido instalando con fuerza por la administración actual. 

Las medidas adoptadas bajo la figura de ordenar la casa y la retórica que la ha acompañado apuntan a introducir una distinción entre el buen migrante, es decir, aquellos que están regulares, con una conducta intachable, beneficios para el desarrollo del país, y que, por lo tanto, pueden quedarse, y por otro lado aquellos migrantes indeseados, delincuentes e irregulares, quienes deben ser expulsados, rechazados y devueltos a sus países de origen.

El problema surge precisamente con esta última idea ya que es allí donde el “no deseado” no es sólo quien cometió un delito penal, sino aquella persona que está en situación vulnerable, que es irregular (mal llamado)y que constituye una carga para el sistema social. Este criterio de doferenciación sin duda que rinde políticamente ya que permite mostrar fuerza para ordenar estos flujos y defender de ese modo, los “intereses de la nación”…

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