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4 de octubre 2018


A 30 años del Plebiscito: ¿El fin de la dictadura se logró solo con un lápiz y un papel?

Cuando se cumplen 30 años de ese día histórico y surgen análisis que intentan reducir la épica del triunfo del No, Juan Cristóbal Peña es categórico en cuestionar que se reduzca la derrota de la dictadura a un proceso eleccionario. “Algunos de los que administraron la transición y tuvieron responsabilidades políticas en ese proceso, han pretendido desvincular el plebiscito de las protestas y movilizaciones sociales, como si estas no hubieran tenido efecto en las urnas. Incluso más, esos análisis han pretendido interpretar el triunfo del No como un espaldarazo al modelo de transición que vino después. Esos postulados son falaces, basados en una mirada egótica y autorreferente de quienes los formulan”.

Por Carmen Sepúlveda

Juan Cristóbal Peña, Director de la Escuela de Periodismo de la UAH, destacado periodista y autor de “Los Fusileros” y “La secreta vida literaria de Augusto Pinochet”, tenía 18 años ese 5 de octubre de 1988. Era la primera vez que votaba y como muchos jóvenes participó en la supervisión del proceso. “Fui apoderado de mesa por el PPD en los estacionamientos del Parque Arauco, donde la mayoría votaba Sí. Me acuerdo que unas semanas antes nos reunimos en la casa de Francisco Vidal para recibir indicaciones, porque él era encargado de coordinar el proceso en esa comuna. Fue la primera y última vez que tuve algo que ver con el PPD. Lo que recuerdo es que mi participación termina como a las 9, cuando se cerró la mesa y se hizo el conteo. En mi mesa arrasó el Sí, claro. Di un informe verbal al encargado del local del partido y me fui para mi casa para escuchar los resultados. Fue muy emocionante. Al día siguiente fui a celebrar a la Alameda y  claro, hubo represión”.

Cuando se cumplen 30 años de ese día histórico y surgen análisis que intentan reducir la épica del triunfo del No, Juan Cristóbal Peña es categórico en cuestionar que se reduzca la derrota de la dictadura a un proceso eleccionario. “Algunos de los que administraron la transición y tuvieron responsabilidades políticas en ese proceso, han pretendido desvincular el plebiscito de las protestas y movilizaciones sociales, como si estas no hubieran tenido efecto en las urnas. Incluso más, esos análisis han pretendido interpretar el triunfo del No como un espaldarazo al modelo de transición que vino después. Esos postulados son falaces, basados en una mirada egótica y autorreferente de quienes los formulan”.

Parte de su tesis es que las grandes movilizaciones sociales son las que generan cambios en las naciones, y en Chile fue el movimiento de la oposición a la dictadura con todos sus matices y actores que desafiaron y lograron derrotar a Pinochet. No sólo fue el triunfo del lápiz y el papel, como dijera Ricardo Lagos, o de una campaña publicitaria de televisión; “el resultado de lo que ocurre esa noche del 5 de octubre de 1988 fue consecuencia de una presión social a la dictadura ejercida de manera sistemática y decidida desde años atrás, por medios de un movimiento de oposición que tuvo expresiones diversas, incluida la armada, aunque hoy sea incorrecto decirlo”.

Y ahí identifica una lista de acciones, entre las que destaca: las masivas protestas de los 80 donde participaban todos los partidos políticos y organizaciones sociales; el rol de la prensa de oposición; algunas acciones de sabotaje y propaganda armada como apagones; y finalmente la presión internacional hacia los partidos y directamente a la dictadura, que fue clave para que se respetaran los resultados del 5 de octubre.

Rol de las protestas

“Con las protestas se pierde el miedo a desafiar a una dictadura que opera con el terror a expresarse y oponerse a cualquier disidencia, a la vez que se construye una épica de oposición con un efecto identitario y  unificador. Volver a la calle, desafiar a Pinochet ya no desde la clandestinidad o en voz baja, sino que desde lo público. Eso tuvo un efecto muy poderoso para el plebiscito del 88, pues simbólicamente significó volver a conquistar una dignidad y un derecho que había sido secuestrado, a riesgo de que te dieran palos o te llegara un balazo. En ese sentido, protestar en las calles tenía un sentido político pero también emocional, porque significaba rebelarse a un régimen que ejercía el terror y pasar a la ofensiva para decir basta, no más”. 

Las revistas de oposición colgadas en los kioscos

“Expresarse en la calle viene a la par con una cierta apertura del régimen, que permite la circulación de una prensa de oposición, no obstante las censuras y amedrentamientos frecuentes. Escuchar y leer denuncias y voces disidentes tuvo un efecto muy poderoso, porque hasta entonces había una sola voz que era la oficial. La oposición ya no se expresa sólo por panfletos. Los medios de oposición como las revista Análisis y Cauce, como el diario La Época y las radios Cooperativa y Chilena son medios que tienen un domicilio conocido y direcciones con editores y periodistas que firman con nombre y apellido. Todo eso fue muy significativo tanto para las movilizaciones sociales como para el resultado del plebiscito. En ese sentido, la campaña televisiva del No fue un factor más de este proceso”.

El rol del atentado a Pinochet

“Hay dos modos desde el que se puede y debe leer el atentado. Uno es estratégico y otro, simbólico. Mirado desde la estrategia, fue consecuencia de la política de rebelión popular de masas del Partido Comunista que define 1986 como el año decisivo para la caída de la dictadura, una estrategia errada, porque falla en la lectura de la realidad y en el objetivo principal, que es agudizar la violencia mediante la internación de armas y acabar con la vida de Pinochet. Falla además porque el partido se da cuenta tarde de que su brazo armado, que es el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, no le debe obediencia. Pero por otro lado, el atentado tiene un efecto simbólico, más allá del resultado: es una vuelta de mano de los mismos a quienes Pinochet ha intentado exterminar y ha reprimido duramente. Es, en ese sentido simbólico, un acto de justicia y dignidad por parte de quienes lo ejecutan. Como sea, el atentado tiene un efecto político, lo mismo que el hallazgo de los arsenales unos meses antes, porque gran parte del resto de los partidos de oposición aíslan al Partido Comunista y los convence –si es que quedaban dudas- de apostar por la vía institucional impuesta por la dictadura”.

El rol de la presión internacional

“En los análisis a veces se pasan por alto las consecuencias políticas que se derivaron de la agudización de la violencia política entre los años 85 y 86. Había temor de que en Chile ocurriera algo similar a lo que había ocurrido en Nicaragua y El Salvador esa misma década, un temor que se agudizó luego del hallazgo de los arsenales de Carrizal Bajo y el fracaso del atentado. A partir de estos hechos, la comunidad internacional presiona fuertemente por una salida institucional. Pero la presión no es sólo a los partidos de oposición, sino también a la dictadura, en cuanto a que hay desconfianza de que Pinochet reconozca los resultados del plebiscito. Sin esta presión habría sido difícil que Pinochet se allanara a dar un mínimo de garantías para la realización de un plebiscito y más todavía que reconociera su resultado. Hay que recordar que se vio tentado a desconocer el triunfo del No, pero se le opuso el jefe de la FACh. Eso último, que está documentado, fue también obra del trabajo realizado por la comunidad internacional entre los militares y políticos más abiertos a una salida democrática”.