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Gonzalo García: “Una aspiración central es que la Constitución en el futuro deje de ser una materia que divida a los chilenos”.

Del trabajo de la Convención Constitucional dice que los ciudadanos la van a juzgar el 4 de septiembre. De la Constitución del ’80 que ayudó a reformar, señala  que envejeció mal. Con franqueza y claridad, el profesor de la UAH y ex miembro del Tribunal Constitucional, Gonzalo García adelanta cómo desde el Núcleo Constitucional de la UAH va a educar, difundir y debatir sobre las principales tendencias que propone el nuevo texto.

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Toda su trayectoria personal y profesional se funda en reformar la Constitución del ’80 y desde ese rol sabe qué tan oxidados están sus candados para generar los cambios que el país exige. Y lo sabe porque tuvo la oportunidad de trabajar en reformas directas durante el 2005, incluso algunas partes de los textos se originan en “pluma personal”, comenta. Gonzalo García es Licenciado en Derecho en la Universidad Católica de Chile, Magíster de Derecho Constitucional de la misma universidad, Doctor en Derechos Fundamentales por la Universidad Carlos III de Madrid y profesor en los cursos de Teoría Política y Derecho Constitucional y ex miembro del Tribunal Constitucional. Como actual director del Núcleo Constituyente de la UAH le preguntamos si en algún momento pensó que estaría frente a este momento histórico donde una Convención Constituyente propondría a la ciudadanía un texto nacido en democracia: “Yo aspiraba a que ese proceso reformista de la Constitución del ‘80 no se hubiera acabado, pero creo que esa Constitución envejeció mal y desde siempre estuvo la aspiración de tener una nueva”, señala.

– ¿A qué aspira un constitucionalista como usted que protagonizó reformas del nivel de eliminar el sistema binominal? –

-En esa nueva aspiración para un constitucionalista lo que prima es que tengamos un texto respecto del cual lo mejor que le puede pasar es que los ciudadanos se sientan amparados por el proceso constitucional, defendidos en sus derechos y que al final sea un entramado básico respecto del cual no debatamos más.

Gonzalo García acaba de asumir como director del Núcleo Constitucional, una iniciativa de la Universidad Alberto Hurtado que nace en septiembre del 2021 cuyo objetivo es incidir en la discusión constitucional tanto en la Convención Constitucional como en la opinión pública y difundir la masa crítica de académicas, académicos, investigadores y expertos de la UAH en las áreas que se abordarán en este espacio (Género y Diversidades, Sistema de Justicia, Modernización de la Gestión Pública, Derechos Sociales, Diálogo y Gestión de Conflictos). Como él explica, en esta nueva etapa se vienen capacitaciones y actividades posteriores al proceso constituyente, por ejemplo, diplomados, talleres, asesorías y una escuela ciudadana.  ¿Cuál es el sello que propone? “Ninguno. Recién estoy integrándome, pero viene una etapa diferente en el ciclo político y en esa etapa voy a entrar a jugar un papel a partir de una cierta trayectoria que tengo”, dice.  

– ¿Qué propone específicamente el Núcleo Constitucional de la UAH a dos meses del plebiscito? –

– El esfuerzo final del Núcleo Constitucional es proyectar por los próximos años un debate constituyente sea que gane una opción como nueva Constitución o que gane la otra opción que puede perseverar como estrategia de reformas, pero en cualquier circunstancias vamos a estar debatiendo sobre las principales tendencias constituyentes que nos permitan tener un marco de convivencia legítimo, aceptado, desarrollado y querido por los chilenos y que sientan que la Constitución no es un problema si no que son las bases a partir de las cuales se desenvuelve la vida política, social y económica del país, creo que esa es la clave.

– ¿Cómo evalúa el funcionamiento de la Convención Constituyente? –

-Juzgar la actividad de la Convención es algo que los ciudadanos van a hacer el 4 de septiembre, ahí va estar el juicio definitivo. Una cosa es el texto, que es lo central y en torno a eso la gente debiera mirar el proceso constituyente, porque al final ese era el mandato tener un texto, el cómo se produjo o la trastienda, la aventura o desventura de la Convención creo que no deben dar pie a un anecdotario sobre ese tipo de dilemas.

– ¿Y en términos técnicos le gustó cómo quedó? –

-En términos técnicos pudo haber sido mejor, creo que hubo problemas metodológicos que estaban desde el inicio, relativos al tiempo disponible lo que redundó en defectos en su deliberación. Por ejemplo, recuerdo nítidamente un estudio que hizo el PNUD sobre todas las asambleas y convenciones constituyentes de los últimos veinte años y había un tiempo medio de desarrollo de las constituciones que eran del orden de 16 meses, pero en cualquier circunstancia Chile optó por un tiempo inferior a la media del desarrollo de estas ideas. Y la metodología interna como de competir por Comisiones no ayudó a producir acuerdos previos y debates integrados que nos permitieran entender mejor los alcances de algunas normas. Yo no sé si dos meses hubiera marcado enormemente la diferencia, pero si hubiésemos tenido más meses para debatir en un nuevo contexto, no tendríamos esta sensación de que nos estamos jugando la vida en este proceso constituyente. Porque este clima no es una buena sensación, lo que debiéramos haber producido es lo que aconteció en octubre del 2020: una mayoría contundente, implacable, profunda, clara, nítida por establecer una nueva Constitución; y ese mandato no puede haberse reducido a una disputa entre chilenos acerca de cuál es la mejor opción, creo que por ahí vamos a seguir jugando un papel y en ese sentido el Núcleo Constitucional de la Universidad Alberto Hurtado tiene una tarea por delante.

– ¿Qué tarea tiene el núcleo de aquí al 4 de septiembre? –  

-Para nosotros hay mucho trabajo que es difusión, que es formación y procesos de educación continua y debate de las grandes tendencias de la dinámica constituyente. Por ponerte un ejemplo, son materias permanentes en la dinámica de la constituyente la dimensión de género, la paridad, las estrategias en materia de inclusión social y de inclusión en las perspectivas nuevas de igualdad. Después un reconocimiento amplio y fuerte de los pueblos indígenas me parece que es una cuestión que es realidad y pasar de un estado subsidiario a un estado social de derecho son el desde. Ahora las trayectorias constituyentes que se viene por delante con tareas específicas a partir del resultado del plebiscito, si gana el apruebo viene una transición constituyente en donde realmente hay aspectos que para los ciudadanos pueden no aparecer inmediatamente a la luz.

– ¿Me puede dar un ejemplo? –

-Por ejemplo, el delineamiento del poder va a funcionar centralmente de un modo parecido al primer ciclo de este gobierno hasta la legislatura del 2026. El presidente va a mantener competencias idénticas a las de un régimen presidencial, el Congreso va a tener la misma estructura y lo que va a cambiar van a ser algunas de las dinámicas de normas transitorias que permitan la implementación de la Nueva Constitución. Una de las primeras normas transitorias es que en un plazo breve entre en funcionamiento una legislación para sustituir el Tribunal Constitucional por una Corte Constitucional. Después viene legislar un conjunto de normas que hacen una transición diferente en cuestiones que los convencionales quieran manifestar como particular interés; por ejemplo, la transformación de los derechos de agua, el desplazamiento a un nuevo sistema de salud y al nuevo sistema de educación. Entonces, es evidente que hay prioridades que apuntan a dar cuenta a los ciudadanos que a partir de un determinado horizonte razonable de tiempo comencemos un ciclo de cambios y lo demás diría que son más bien tránsitos graduales.

– ¿El Congreso va a tener una tarea gigantesca? –

-La actividad del Congreso es simplemente gigante porque hay más de 500 referencias de leyes en las normas permanentes y más de veinte en un proceso de cambios en las normas transitorias y cada una de ellas son magnitudes de cambios. Cuando uno habla de transformar el sistema de educación con una ley, eso es de una magnitud porque lo que haces es normalmente crear un conglomerado de leyes para verificar acreditación, gratuidad, calidad y son reglas distintas y aspirar a que en una macrorreforma se resuelva todo de una vez probablemente, no sea del todo razonable. Hay que ir avanzando en la medida de la aspiración de cumplir ciertos plazos.

– ¿Por lo que entiendo van a pasar años incluso décadas en ese proceso? –

-Absolutamente, lo primero es entender que supera claramente esta legislatura. Te pongo un ejemplo, siempre las asambleas constituyentes producen un buen conjunto de leyes y esta es la Constitución más larga de nuestra historia y pasaría a ser de las más extensas del mundo medida por palabra, y desde ese punto de vista el modo de implementación de una Constitución es un modo que demora porque tú en realidad detrás de cada configuración mínima hay un mar de asuntos a interpretar. Te voy a poner un ejemplo, se reconoce en una novedad mundial en el constitucionalismo el derecho a las personas a tener una energía asequible y segura como derecho de las personas. ¿Qué significa eso? Tenemos que interpretarlo.

– ¿Se podría pensar que es el paso hacia una economía verde? –

– Claramente, hay tareas que no son sencillas para el mundo y menos para un país tan alejado como es Chile que tiene energía sucia como el carbón, es dependiente del petróleo y no puede tener una soberanía desde el punto de vista de las energías, pero tiene un camino interesante por delante. Se podría pensar un desarrollo espectacular en términos de energía solar, Chile tiene el mar más impresionante del mundo para tener energía mariomotriz y tiene energía eólica, entonces una palabra tan sencilla como decir “energía asequible y segura” como un derecho de las personas es un mundo con una garantía de seguridad de una modalidad plural de energía, que sea un sistema que llegue a una misma red y que esa red esté en toda la distribución desde el extremo norte hasta el extremo sur. Te pongo otro ejemplo, la constitución brasileña que es de 1988, curiosamente en un día muy simbólico para Chile porque mientras nosotros teníamos nuestro plebiscito del sí y el no el 5 de octubre, ellos aprobaron su nueva constitución y ya van 34 años de ese momento y todavía quedan 60 leyes por cumplir de ese proceso, con esto te quiero decir que las aspiraciones son una cosa y la realidad a veces conspira para que todo fluya en una misma dirección y los países tienen libertad para ir en el marco constitucional e ir eligiendo caminos, pero son procesos lentos.

-El Núcleo Constitucional de la UAH inició un ciclo de difusión y educación: ¿Qué sello le quiere dar a esta etapa? –

-Me integré a un equipo, no estoy a cargo, no voy a implementar ningún sello y lo que viene es desarrollar todas las líneas constituyentes nuevas en las cuales la Universidad pueda hacer un aporte. En la dimensión de género, en la dimensión de modalidades de los sistemas de justicia porque hizo un aporte que lo va a continuar, también en la modalidad de desarrollo de la justicia constitucional y en el ámbito de los derechos sociales es una perspectiva que la Universidad ha tenido presente. Entonces lo primero es identificar todas estas tendencias de aporte, lo segundo son los procesos de educación continua e invitar a los ciudadanos porque vamos a hacer unos cursos prácticos para la educación y difusión del texto, eso es central, sobre todo por lo que significa para un ciudadano crearse un juicio de opinión.

“No es una tarea del núcleo hacer campaña”

-¿Usted cree que el ciudadano puede cambiar la tendencia de voto mientras más comprensión se tenga del texto?-

-Hoy estamos a mediados de julio y diría que, en su enorme mayoría y así lo indican las encuestas, los ciudadanos ya saben lo que va a votar, no es una tarea del núcleo hacer campaña del apruebo o del rechazo, sino que esas definiciones personales tengan una calidad de información superior a la que tenían antes, eso es lo que la universidad promete. Adicionalmente el objetivo es traducir las discusiones para que no queden sólo en una clase, si no que también en una línea editorial con libros que contengan la secuencia completa de la investigación básica, la exposición, la información, la formación continua y los libros que cierran el proceso educativo.

-Van a publicar una colección: ¿En qué formato y pensando para público interno o general? –

-Es una colección de libros más accesibles en términos de su valor y más amables. Son libros en la estrategia de bolsillo sobre asuntos temáticos y en esa perspectiva va a haber una línea que espero sea prometedora. Estamos pensando que sea para diferentes públicos. La Clase abierta / Constitucional es una iniciativa para todo el mundo, y efectivamente de manera preferente van dirigidos a estudiantes del ámbito del derecho y para  interesados de las otras facultades. Agrego que este es un esfuerzo integrado de la Universidad no es solamente de la Facultad de Derecho una cosa es que sea la casa del Núcleo, pero es un reflejo integrado de diversas facultades.

-Se ha hablado del aporte de la academia en el proceso constituyente. A modo de evaluación: ¿La UAH estuvo a la altura? –

-Creo que la Universidad debería habérsele reconocido ese tipo de esfuerzo, creo que detrás de las palabras de la propia Convención están implícitas las palabras de reconocimiento a los esfuerzos de la universidad y de otras, pero dentro del sistema universitario lo que hizo esta universidad está por sobre la altura de otras que han tenido incluso más trayectoria y prestigio institucional. Así que solo tengo palabras de orgullo por el trabajo en la convención porque además no sólo realizó la dimensión académica sino que tuvo estrategia de involucramiento en la construcción de normas a través de las vías de participación como es el derecho nacional de cuidados que se originó en esta universidad y que obtuvo los patrocinios adecuados y que además de algunas reformulaciones hay un sello especifico de esta universidad más allá de la calidad académica de todas las personas que intervinieron en las exposiciones. La universidad tuvo más de 18 documentos, un conjunto enorme de exposiciones, si uno toma la métrica de las veces que profesionales de la Universidad Alberto Hurtado participaron en la convención es gigante, y además tener satisfacciones con algunas normas que tienen sello de esta casa de estudios, eso muy pocos lo pueden decir y tener una norma que salió de nosotros es como tener una pepita de oro. Y todo ello sin contar con convencionales ex alumnos, más la enorme tarea de abogados y egresados de Derecho de nuestra Facultad que trabajaron en la Secretaría de la Convención en diversas Comisiones.

– ¿A nivel personal que le pasa a usted con este proceso? –

-Es extraño porque en realidad toda mi trayectoria personal se funda en una mirada de reformar la constitución del 80 y al final a lo largo de todos los años por diversas vías y por diversos ámbitos tuve la oportunidad de trabajar en reformas directas para reconfigurar las reglas que permitieron tener una constitución que se asemeja a la trayectoria institucional de las antiguas constitucionales, pero eso después del 2005.  Y durante más de una década me tocó interpretarla de un modo tal que se adaptara a nuevas realidades. Entonces llegar a ese punto en mi especialización es transformarse en una especie de tecnócrata reformista después de un largo ciclo, entonces al final uno hubiese aspirado a que ese proceso reformista no se hubiera acabado porque creo que la constitución vigente envejeció mal y siempre arrastró problemas de legitimidad de origen.

-¿Cómo analiza el ambiente de división que estamos enfrentado?-

-Otra aspiración es que la Constitución no sea objeto de división eso es lo central y claro eso no lo hemos logrado a lo largo de estas décadas y probablemente no lo logremos en septiembre tampoco creo que es una afirmación que vale la pena decir. Entonces el éxito de lo constitucional es cuando nos olvidamos que esas reglas existen, cuando están tan incorporadas en la vida cotidiana que ya estamos funcionando bien, ese es mi sueño constitucional. Cuando funcione bien es porque ya lo constitucional dejó de ser importante y pasa a ser relevante su integración a la vida común completamente, que sea ciudadana, que ya no debatamos sobre lo que nos pasa con esta ley allá arriba si no qué pasa con mi derecho en una política pública o en un tribunal. Y eso se logra cuando una Constitución es respetada y respaldada sustantiva y fuertemente. Siempre hay márgenes de interpretación, y la propuesta abre muchos, pero dentro de ellos debe primar la buena fe, la lealtad institucional y el sentido de cautela de los derechos y bienes jurídicos que la Constitución protege.

 

 

 

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