Fuente: El Mostrador
En tiempos feministas, woke, progresistas o como queramos llamarlos, el concepto de sororidad prendió como yesca en la sociedad y en los discursos, aludiendo a la hermandad y solidaridad entre mujeres.
A falta de una expresión mejor (a fin de cuentas, en un punto etimológico alude a las congregaciones de monjas), se ha aceptado y usado para todo tipo de discursos.
Esta ética del apoyo entre mujeres ha sido fundamental para revertir una serie de comportamientos sociales normalizados e incluso asumidos como correctos o producto de una ley natural.
Que las mujeres no sean condenadas por otras mujeres avalando directrices del patriarcado constituye un gran avance. El solo hecho de detenerse a reflexionar antes de prejuzgar crea un progreso que quienes vivieron otras épocas pueden valorar de manera aún más intensa.
Por eso, rescatar la sororidad activa de Matilde Ladrón de Guevara con Gabriela Mistral es un ejemplo claro de que no basta con el respaldo desde el discurso, sino que se requiere de acciones que conduzcan a resultados. Como se narra en el recién reeditado libro Gabriela Mistral: rebelde magnífica de Matilde Ladrón de Guevara, transcurría el año 1951 y tras haber recibido el Premio Nobel seis años antes, Mistral se encontraba trabajando como cónsul en Italia. Matilde se atrevió a visitarla, impulsada por la admiración a su obra. Durante el tiempo que compartieron, viajaron y posteriormente se cartearon, se consolidó una amistad intensa y sincera entre ambas.
Lee la columna completa <<<