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Pablo Barrientos: “La masculinidad dañada puede volverse asesina y devastadora”

Columna de Pablo Barrientos analiza evidencia internacional sobre ataques escolares cometidos por varones y advierte la necesidad de políticas coordinadas entre salud y educación para abordar la crisis de identidad masculina, fortalecer la convivencia y prevenir hechos de violencia en comunidades educativas.

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Fuente: Ciper

El autor de esta columna comparte los resultados de investigaciones sobre episodios de violencia en
establecimientos educacionales en el extranjero, los cuales son cometidos principalmente por hombres. A
propósito del lamentable asesinato de una inspectora en Calama, señala que «necesitamos políticas
coordinadas entre salud y educación que apoyen el desarrollo integral de los varones jóvenes, que fortalezcan
los lazos sociales y la pertenencia, y que les ofrezcan espacios donde puedan reflexionar sobre los mandatos
de la masculinidad hegemónica (…) Esa masculinidad que se construye desde el rechazo a lo femenino, a la
homosexualidad, a la diferencia, y a la vulnerabilidad. Esa masculinidad que, cuando se siente dañada y sin
salida, puede volverse asesina y devastadora. La comunidad educativa del liceo en Calama merece que nos
hagamos estas preguntas con urgencia».

El viernes 27 de marzo de 2026 va a ser recordado como uno de los más terribles en la historia educacional de
Chile por el brutal ataque dentro de un colegio de Calama, perpetrado por un estudiante de 18 años, quien
asesinó a una inspectora de 59 años e hirió de gravedad a tres estudiantes y a otra funcionaria del
establecimiento.

Diversos medios nacionales señalaron detalles perturbadores como las inscripciones que tenían las armas
blancas y el bastón que portaba el joven al momento del crimen, sus posts de Instagram y un video que subió a
YouTube donde anunció horas antes el ataque. Estos detalles sugieren que H. M. L. (iniciales del atacante)
necesitaba ser visto y conectar su historia con la de otros jóvenes que habían cometido crímenes similares,
como Adam Lanza, Pekka-Eric Auvinen y Solomon Henderson.

La mayoría de los atentados en contextos escolares, como los tiroteos masivos en Estados Unidos, han
sido perpetrados por varones. Para Douglas Kellner (2013), muchos atacantes tienen en común una sensación
de crisis de la propia identidad masculina que buscan suplir por medio de las armas y la violencia para
producir una performance ultramasculina que les otorgará visibilidad social y mediática. Peter Langman (2017),
quien investiga la psicología de estos atacantes, reconoce que la sensación de una “masculinidad dañada” se
repite en muchos de ellos, pero señala que es necesario pensar en un espectro de factores bio-psicosociales
que intervienen en sus historias de vida, como problemas de salud física y mental, patrones familiares
complejos, experiencias de abuso, eventos estresores e influencias sociales, políticas e ideológicas.

En los casos analizados por Langman, muchos de estos jóvenes señalan que ciertos aspectos asociados con su
cuerpo—como baja estatura, alguna malformación, falta de musculatura o escasas habilidades físicas—fueron
las principales razones para sentirse inadecuados o dañados. Sin embargo, Langman enfatiza que no hay
explicaciones simples que permitan entender completamente estos actos tan brutales, porque muchos varones
jóvenes que tienen condiciones o experiencias de vidas similares no se convierten en perpetradores de ataques
violentos. Esta misma complejidad abre una ventana para explorar factores protectores en términos

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