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29 de Noviembre 2016


Federico Galende y los hombres solos de Aki Kaurismäki

Lee el comentario publicado en Letras en línea escrito por el académico del Magíster en estudios de la imagen UAH, Roberto Reveco, sobre el libro “Comunismo del Hombre Solo, un Ensayo sobre Aki Kaurismäki”.

kEn un mundo académico cada vez más interesado por el cine, Federico Galende publica Comunismo del Hombre Solo, un Ensayo sobre Aki Kaurismäki (Catálogo, 2016), en el que el autor no ajusta su escritura a los llamados estudios cinematográficos, ni a los cánones estrictamente académicos. Galende intenta, más bien, bajo la forma del ensayo, explorar territorios que el cine de Kaurismäki enuncia y que inspiran ideas que exceden ampliamente lo puramente cinematográfico.

Las películas de Kaurismäki sirven, aquí, de punto de partida, de inspiración para una reflexión que se irá tramando desde distintos campos: la filosofía, la estética, la política, la experiencia personal y, por cierto, el cine de Kaurismäki, particularmente sus personajes: hombres solos, solos y comunistas, como intentará probar Galende. Hombres que habiendo abandonado sus lugares, un poco a la deriva, en una inmanencia casi total y con un mundo reducido a los afectos más cercanos, a pasar el día y mirar los ocasos boreales, parecen hacer caso omiso del lugar que la sociedad, el sistema – la distribución desigual de capacidades y poderes – les tenía reservados. Emancipados, aunque melancólicos, sin fulgor, estos hombres marginales, medianamente felices, no deseantes, formarían, según Galende, una especie de comunidad inorgánica de sujetos liberados de los moldes capitalistas y librados a una existencia pululante y resistente, ya no desde la lucha colectiva, sino desde la renuncia a formar parte activa del sistema y a dejarse dominar por los afectos y deseos que éste produce.

Galende ve en estos hombres solos una esperanza, una contestación estética, una alternativa a los fracasos políticos socialistas y a la zozobra izquierdista. Sujetos bohemios, músicos marginales, obreros desplazados, individuos desmemoriados, silentes, forman el imaginario del cine de Kaurismaki y la comunidad marginal y comunista que Galende no se cansa de poetizar, honrar y celebrar. A las dificultades políticas de la construcción del comunismo, Galende opone esta salida estética en la que, más desde una actitud, más desde un estilo de vida –mezcla de monje budista y punky solitario–, el hombre se emancipa de la opresión capitalista y las exigencias del mercado, para disfrutar, en una cierta paz, de los amaneceres fríos frente al mar, fin último, según Galende, del comunismo…

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