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Hernán Rojas SJ: “La teología es un discurso relevante en un mundo secularizado”

El hermano jesuita Hernán Rojas Edwards, SJ se ha incorporado recientemente al Instituto de Teología y Estudios Religiosos de la Universidad Alberto Hurtado (ITER), para ejercer labores de docencia e investigación, […]

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El hermano jesuita Hernán Rojas Edwards, SJ se ha incorporado recientemente al Instituto de Teología y Estudios Religiosos de la Universidad Alberto Hurtado (ITER), para ejercer labores de docencia e investigación, luego de haber integrado el Directorio de la Universidad entre 2022 -2024 y de sus años en la Universidad Católica del Norte. Con una formación marcada por la espiritualidad ignaciana y una sólida trayectoria académica, su trabajo teológico ha estado centrado en la vocación, la vida religiosa y el diálogo entre teología y espiritualidad. 

Doctor en Teología Sistemática por la Universidad de Innsbruck, Austria, Rojas dedicó más de cinco años a vivir y estudiar en esa ciudad, donde defendió una tesis sobre la vocación inspirada en Karl Rahner, la cual fue reconocida con el Premio Karl Rahner 2021. De esa etapa recuerda tanto los aprendizajes académicos como humanos: “Estar en otro país, aprender otro idioma, hacer amigos, involucrarse en otra cultura… todo eso deja huella. El premio fue un reconocimiento bonito, aunque el nombre suene más grande de lo que es”. 

La figura de Rahner, uno de los grandes teólogos del siglo XX, ha sido clave en su pensamiento. “Me gustó desde la primera vez que lo leí —comenta— porque logra relacionar inquietudes de la cultura contemporánea con la tradición cristiana de manera fecunda y creativa, con fuerte arraigo ignaciano”. Esa cercanía lo llevó también a explorar las cartas inéditas que Rahner mantuvo con la escritora Luise Rinser durante el Concilio Vaticano II, investigación que lo llevó a pasar meses en el Archivo de Literatura Alemana. Para Rojas, más allá del carácter de la relación, lo valioso está en lo que muestran esas páginas: “Rahner se deja ver más humano, con sus motivaciones, su vida espiritual, su sobrecarga de trabajo, sus opiniones sobre el mundo. Es un aporte para comprender mejor su biografía y su teología”. 

Antes de llegar a la UAH, el teólogo trabajó en la Universidad Católica del Norte, en Antofagasta, donde fue académico y director del Departamento de Teología. De esa etapa rescata el carácter regional de la institución: “Es de verdad una universidad del norte, muy inserta en las problemáticas locales. Aprendí a combinar investigación disciplinar con gestión institucional y vinculación con el entorno”. Hoy, en Santiago, busca aportar al ITER desde esa experiencia, sumándose a un equipo consolidado y con redes internacionales: “Espero poder sumar y también aprender mucho”. 

Su investigación actual se centra en un proyecto Fondecyt sobre narrativas contemporáneas de identidad en la vida religiosa, una indagación que dialoga con los cambios culturales y eclesiales posteriores al Concilio. “La vida religiosa —explica— sigue siendo un modo paradigmático de comprender el cristianismo y la cultura actual. Me interesa especialmente el aporte de teólogas contemporáneas, porque ayudan a repensar este camino en tiempos de modernidad y posmodernidad”. 

 Hablar de vocación, para él, no es referirse solo a sacerdotes o religiosos, sino a toda persona que busca dar sentido a su vida: “No se trata de experiencias místicas extraordinarias, sino de cómo cada uno va respondiendo a encuentros significativos, a las urgencias de su contexto y a ese misterio último que llamamos Dios”. Su tesis doctoral recoge esa misma inquietud en la pregunta “¿A dónde me quieres llevar, Señor?”, que él mismo vincula con la experiencia de los jóvenes: “Hoy nuestras decisiones se toman en un margen de libertad, pero también enfrentan límites sociales y personales. La vocación consiste en reconocer esa libertad, vivirla en relación con otros y con Dios, orientando la vida al servicio, donde encontramos verdadero sentido”. 

 Desde esa convicción, considera que la teología no puede perder contacto con la vida real. “Toda disciplina corre el riesgo de encerrarse en un lenguaje que nadie más entiende. La teología, en cambio, debe alimentarse de las crisis existenciales, del dolor, de la búsqueda de sentido. Como dice Gustavo Gutiérrez, es un ‘momento segundo’: lo primero es siempre la experiencia vital”. En esa línea, la espiritualidad ignaciana le ofrece claves para mantener la teología unida a lo humano: discernimiento, atención a la vida concreta y apertura al misterio de Dios. 

 En la Universidad Alberto Hurtado su rol no será solo investigador. También será docente, y en ese espacio, asegura, se juega mucho del sentido de su vocación como jesuita y teólogo: “Me gusta hacer clases porque los estudiantes enriquecen la reflexión. Ellos mismos descubren que son más que un proyecto de abogada o psicólogo: son personas que buscan sentido, que enfrentan la frustración, la pregunta por Dios, la muerte. Estoy convencido de que la teología es un discurso relevante también en un mundo secularizado”. 

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