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“Mi experiencia en la UAH marcó mi trayectoria académica”: Alan Ramírez, estudiante de Haverford College

El programa de intercambio entre la Universidad Alberto Hurtado (UAH) y Middlebury College —una de las universidades más antiguas de Estados Unidos— fue el punto de partida que motivó a Alan Ramírez a participar en el Programa de Derechos Humanos y Memoria. Esta es su experiencia en Chile.

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Desde Haverford College, una prestigiosa institución ubicada en las cercanías de Filadelfia, Estados Unidos, nos visita Alan Ramírez. En esta entrevista, comparte su experiencia en Chile y las motivaciones que lo trajeron hasta la Universidad Alberto Hurtado, donde cursó un semestre académico en 2024. En su nuevo paso por Chile, Alan destaca cómo lo aprendido en la UAH ha contribuido en su formación como estudiante.

—El año pasado estuviste de intercambio en la Universidad Alberto Hurtado. ¿Qué te motivó a venir y cómo describirías tu experiencia académica y cultural?
—Lo que más me motivó fue la oportunidad de realizar un estudio independiente con un profesor o profesora de la UAH. Trabajé con Constanza Vergara en una investigación sobre la crónica queer de Pedro Lemebel, un tema que siempre me había interesado. Además, fue muy enriquecedor escuchar cómo mis compañeros chilenos interpretaban los textos, ya que para ellos el español es su lengua materna, algo que le da un vínculo distinto con la obra literaria.

—En Estados Unidos, ¿qué estudias específicamente?
—Estudio Literatura en Español. Es un ambiente muy distinto porque la mayoría de mis compañeros no habla español como primer idioma, así que venir a una universidad hispanohablante fue fundamental para conocer otra perspectiva y comparar las interpretaciones de los mismos textos.

—¿Conocías a autores chilenos antes de llegar?
—No mucho. En Estados Unidos había leído algunas crónicas de Lemebel y me interesé por profundizar en su obra aquí. Durante mis clases también descubrí otros autores latinoamericanos que no había leído, como Rosario Castellanos, Julio Cortázar o Juan Rulfo, que en América Latina se estudian en el colegio, pero que para mí eran nuevos.

—Cuéntanos sobre tu investigación en la UAH.
—Mi trabajo se tituló La crónica y el camp, donde analicé la estética camp en la escritura de Lemebel, especialmente cómo usa el humor para abordar temas traumáticos que vivió la comunidad queer y travesti durante la dictadura. Me enfoqué en la representación de identidades femeninas dentro de las disidencias sexuales y fue muy interesante descubrir cómo conecta su obra con la actualidad.

—¿Cómo fue trabajar junto a Constanza?
—Cada semana leía uno o dos textos y nos reuníamos para conversar durante hora y media. Las discusiones a veces derivaban en otros temas, lo que hizo que el trabajo fuera muy enriquecedor. También encontrábamos conexiones entre los textos y la situación política actual. Fue una relación académica y personal muy valiosa.

—Ahora que volviste de visita, ¿qué te hizo querer regresar a la UAH?
—Parte de la razón es personal, porque mi pareja vive aquí. Pero también quise reencontrarme con profesores y profesoras que marcaron mi formación. También me interesa seguir trabajando temas como la narrativa queer y la literatura centroamericana.

—Para terminar, ¿cómo proyectas tu futuro académico y profesional?
—Esta fue la experiencia más larga que he tenido hablando solo en español, lo que me ayudó a encontrar mi propia personalidad en el idioma. Me siento más cómodo discutiendo temas complejos en español y abierto a seguir viajando, aprendiendo de otros contextos culturales y acentos. Mi experiencia en la UAH marcó mi trayectoria académica.

Para Constanza Vergara, directora de Licenciatura en Lengua y Literatura, acompañar a estudiantes internacionales fue una experiencia enriquecedora y desafiante, ya que era su primera vez en este formato de investigación independiente. Con Alan, su estudiante asignado, trabajó en tutorías para desarrollar un proyecto sobre memoria de la dictadura y disidencias sexuales en la literatura,

—Constanza, ¿cómo fue para ti acompañar a estudiantes internacionales en su experiencia en Chile, especialmente dentro del programa?
—Fue muy positivo y también un desafío, porque era la primera vez que participaba en este formato de investigación independiente del programa con Middlebury. Con Alan trabajamos en tutorías para desarrollar su proyecto sobre memoria de la dictadura y disidencias sexuales en la literatura, integrando también su trabajo en el Museo de la Memoria.

—¿Qué valor le ves a este tipo de colaboraciones?
—Son experiencias académicas e interculturales que permiten conversar sobre historia, realidades diversas y contextos familiares, más allá de lo estrictamente disciplinario.

—¿Cuál fue tu rol en el proceso?
—No imponer objetivos, sino facilitar lo que el estudiante quería aprender. Alan fue muy activo y logró producir un artículo académico en pocos meses.

—¿Te gusta mantener el contacto con los estudiantes después de su estadía?
Sí, mucho. Con Alan seguimos en contacto y hasta le escribí una carta de recomendación para una beca. Es uno de los aspectos más gratificantes de este trabajo.

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