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Javiera Figueroa: “Sin habilidades lectoras sólidas, la inteligencia artificial amplía las brechas educativas”

En el contexto del proceso de admisión universitaria, la columna de Javiera Figueroa (UAH) y María Jesús Espinoza, reflexionan sobre el rol estratégico de la Pedagogía y los desafíos que plantea la inteligencia artificial en la formación inicial docente. A partir de evidencia de investigación, el texto advierte sobre el uso acrítico de estas tecnologías y propone líneas de acción para fortalecer habilidades avanzadas de lectura, escritura y evaluación en la formación de futuros profesores.

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Fuente: El País

Recientemente comenzó el período de admisión universitaria, donde muchos jóvenes están decidiendo su futura carrera profesional. Como profesoras e investigadoras en educación, estamos convencidas de que una de las carreras más relevantes para la sociedad es la Pedagogía, pues los profesores cumplen un rol insustituible en la construcción de la cultura, los valores y los aprendizajes de las nuevas generaciones.

Una de las críticas que con mayor frecuencia recibe la escuela es que continúa enseñando como si la sociedad no hubiese cambiado. La formación inicial docente, en particular, ha estado tensionada por el desafío de actualizar las formas de enseñanza frente a las nuevas tecnologías. La irrupción de la Inteligencia Artificial Generativa ha intensificado y vuelto ineludibles estas tensiones, al cuestionar de manera directa los sentidos tradicionales de enseñar, aprender y evaluar, configurando un verdadero cambio de paradigma para la formación universitaria.

Una investigación que realizamos recientemente con estudiantes de distintas carreras de Pedagogía muestra que el uso de la inteligencia artificial se ha extendido de manera significativa en el ámbito universitario. En muchos casos, este uso implica una dependencia de la tecnología para resolver tareas académicas, especialmente aquellas que requieren lectura y escritura. Sin embargo, la evidencia indica que la inteligencia artificial no sustituye estas habilidades, sino que, paradójicamente, exige lectores y escritores altamente competentes: estudiantes capaces de interpretar matices y perspectivas; distinguir argumentos sólidos de contenidos superficiales o sesgados; formular instrucciones precisas; y evaluar críticamente la coherencia y veracidad de respuestas automatizadas.

Estas son habilidades avanzadas de lectura y escritura que se desarrollan, sobre todo, en contextos educativos que favorecen la concentración profunda, la interacción humana y la reflexión sostenida. Cuando estas habilidades no están suficientemente consolidadas, la inteligencia artificial puede ampliar brechas educativas. En otras palabras, quienes ya leen y escriben críticamente pueden aprovechar mejor estas herramientas para aprender; en cambio, quienes delegan el trabajo intelectual en la tecnología tienden a reproducir respuestas sin desarrollar aprendizajes profundos.

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