Fuente: Diario Financiero
La minería chilena vive un punto de inflexión. La presión por avanzar hacia una producción más sustentable, eficiente y limpia ha puesto al centro la necesidad de fortalecer la investigación y el desarrollo (I+D) tecnológico local. “Muchos de los problemas de escala para aumentar la productividad no están resueltos, como tampoco están resueltos en otros países. Por lo tanto, si nosotros no generamos investigación y desarrollo tecnológico, no vamos a poder llegar con nuevas tecnologías”, afirma la decana de Ingeniería de la Universidad Alberto Hurtado y fundadora de la startup Domolif, Pamela Chávez.
Según un artículo publicado en Mineral Economics en 2024, la industria minera chilena destina solo el 0,09% de su PIB sectorial a I+D, mientras que el país en su conjunto invierte 0,34% del PIB nacional, de acuerdo a cifras del
Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación.
Para la académica, el camino hacia una minería competitiva pasa necesariamente por generar conocimiento propio: “Muchos de los problemas de escala para aumentar la productividad no están resueltos. Si no desarrollamos I+D local, no vamos a poder implementar nuevas tecnologías”.
Las capacidades y servicios locales que ha generado la minería permiten que industrias emergentes, como la del litio, se desarrollen sobre una base ya instalada de proveedores y experiencia técnica. “Hoy la energía llega con alternativas como el hidrógeno. Todo esto requiere ingeniería local, mantenibilidad y soporte, no podemos depender de traer todo de afuera”, sostiene.
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