Fuente: El Mostrador
El Gobierno ha mostrado particular empeño en sacar adelante la reforma política antes del término de su mandato. En esto, el Ejecutivo tiene razón. La reforma política es necesaria para generar un sistema que permita una gobernabilidad a mediano y largo plazo. Las razones pueden ser varias. Pueden ser coyunturales, de logros concretos o porque se comprende que un sistema que procesa muy lentamente las demandas no es bueno para nadie.
La reforma política aprobada entre 2014-2016 permitió incorporar nuevas fuerzas, de derechas y de izquierdas, reflejando que parte de los partidos tradicionales operaban bajo subvención del sistema binominal, asunto que quedó demostrado una vez que el sistema se abrió a la ciudadanía. Algunos miran este cambio como un problema, pero el sinceramiento es real. Tanto así, que tanto el Gobierno saliente como el entrante lo conforman nuevas fuerzas políticas surgidas post reforma.
Si en aquella oportunidad el principio rector fue la representatividad, ahora es tiempo de la gobernabilidad (ambos principios debieron y deben conciliarse), donde el conjunto de demandas ciudadanas, puedan ser atendidas y procesadas, adecuadamente, por el sistema.
Un sistema político de 4/4, fragmentado y polarizado. Las elecciones parlamentarias de 2021, los comicios locales de 2024 y las parlamentarias y presidenciales de 2025, nos han mostrado que el sistema tiene hoy dos características basales: i) es un sistema de 4/4, existiendo una izquierda, una centro-izquierda, una centro-derecha y una derecha y ii) que está altamente fragmentado y polarizado, existiendo alrededor de 22 fuerzas políticas hoy en el Congreso.
El primer elemento basal requiere diferenciar entre sectores políticos y partidos políticos. Los 4/4 se refiere a sectores políticos, en cuyo interior habitan partidos. De los partidos que aterrizarán en el Congreso en marzo de 2026, el PC y el FA representan la izquierda, el PS, la DC, el PPD y el PL la centro-izquierda, en la centro-derecha están RN y la UDI y en la derecha el PR y el PNL. A ello se suma un centro díscolo que conforma el PDG, cuyos integrantes fluctúan en cada uno de los sectores antes mencionados.
El segundo elemento, la fragmentación y polarización, ha conllevado efectos que desde derechas a izquierdas han sido declarados. La multiplicidad de partidos y su continua atomización hace muy difícil llegar a acuerdos y procesar demandas ciudadanas. La política chilena está caracterizada por una creciente polarización y sostenida en posiciones dicotómicas. La política es de extremos, que operan como trincheras, produciéndose la negación del adversario (Informe PNUD 2024). Una política de actores totalmente antagónicos en el eje izquierda/derecha hace que la distancia entre los polos sea mayor y más complicado lograr mayorías y acuerdos.
Tomás Jordán
Facultad de Derecho