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Alejandra Falabella, académica de Educación: “Narrar historias en voz alta es recrear una experiencia ancestral”

La columna de Alejandra Falabella releva la importancia de la narración oral en la infancia, destacando su rol en el desarrollo emocional, la construcción de vínculos y la formación cultural, en un contexto marcado por el predominio de las pantallas y los bajos hábitos de lectura.

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Fuente: Ciper

Vivimos en una sociedad saturada de estímulos visuales, donde el uso de las pantallas en la vida cotidiana de los niños y niñas se ha masificado, mientras los hábitos de lectura muestran índices preocupantemente bajos.

En este contexto suele relevarse la importancia de fomentar la lectura en los niños y estudiantes, resultando en un foco prioritario desde la política pública y el sistema educativo. Sin embargo, la oralidad ha quedado, por mucho tiempo, en un segundo plano. Más aún, una vez que los niños y niñas aprenden a leer de manera autónoma, con frecuencia se deja de leerles en voz alta, perdiendo ese espacio íntimo de la narración compartida.

En este sentido, una buena noticia es que el Ministerio de las Culturas en su Plan Nacional de Lectura, Escritura y Oralidad (2025-2026), haya agregado por primera vez la oralidad como un eje fundamental, reconociéndola como parte esencial de nuestra identidad cultural y patrimonio inmaterial.   

Narrar historias en voz alta es recrear una experiencia ancestral: la de la palabra compartida. Desde los orígenes de la humanidad la narración oral ha sido un medio para construir comunidad. Los pueblos originarios, especialmente, han sido grandes custodios de la tradición oral, que permiten elaborar una cosmovisión común.

En la infancia esta experiencia es especialmente decisiva. Las historias fortalecen el vínculo y la complicidad emocional entre quien narra y quien escucha, y resulta un modo de crear sentido de comunidad. Narrar es tejer vínculos que nos une con otros. Las historias se heredan y transmiten entre generaciones saberes, memorias colectivas, identidad y patrimonio cultural, y nos permiten sentirnos parte de algo mayor que nosotros mismos. 

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