Una investigación comparativa explora cómo la represión vivida en Venezuela sigue moldeando las percepciones políticas de quienes migraron, tanto en Santiago como en el estado de Florida, EE. UU.
El proyecto, liderado por académicos de las universidades Alberto Hurtado y de Chile, con el apoyo de la Universidad de Florida (Gainesville), busca entender cómo el trauma político vivido en Venezuela se proyecta, transforma y resignifica en los países de destino.
“El trauma político migra con las personas. Se reactiva y resignifica en el lugar de llegada, moldeando formas de participación o de distanciamiento con la política local”, explica Nicolás Pedemonte, investigador del proyecto y director del Diplomado Internacional Migraciones, Integración y Políticas Públicas, programa que está en proceso de admisión hasta el 1 de septiembre.
La muestra del estudio incluyó 44 entrevistas en profundidad a personas migrantes venezolanas regulares, realizadas entre 2023 y 2024. Las conversaciones, confidenciales y codificadas inductivamente, se centraron en sus trayectorias migratorias, percepciones políticas, afectos y expectativas de futuro.
El trauma no se queda en Venezuela
La clave para entender los hallazgos está en un concepto central: el trauma político. Según explica Pedemonte, este no se refiere solo a un recuerdo doloroso, sino a una matriz activa que organiza juicios, afectos y comportamientos.
“Lo que vimos es que el trauma originado en la represión y el colapso institucional de Venezuela no se disuelve con la migración. Al contrario: se reactiva en el destino y se proyecta sobre nuevas experiencias”, explica el investigador.
En Florida, por ejemplo, algunas personas entrevistadas criticaban duramente al gobierno de Joe Biden, a quien asociaban con ideas socialistas, mientras que en Chile muchas relataron su desconfianza frente a los recientes procesos constituyentes y al estallido social. Una entrevistada lo resume así: “Me vine huyendo del socialismo y siento que estoy cayendo en otro”.
En este sentido, el trauma opera como una brújula moral que guía percepciones, temores y decisiones. En Florida predomina la “memoria del terror”, marcada por experiencias extremas de represión directa. En Chile, en cambio, lo que se activa es el temor a la repetición: el miedo a que los procesos políticos locales puedan parecerse —aunque no lo sean— a los que vivieron en su país de origen.
El daño a la pertenencia
Cuando se les pregunta por sus expectativas de retorno, muchas personas migrantes responden con ambigüedad o directamente con resignación. Algunas ya no se sienten parte de Venezuela, aunque su familia aún esté allá. Otras prefieren quedarse “el tiempo que haya que estar”.
“La migración se vuelve definitiva no solo por razones económicas o legales, sino porque el trauma, en algunos casos, ha modificado profundamente el vínculo con el país de origen”, expresa Pedemonte.
Implicancias políticas y sociales
Este estudio, próximo a publicar, propone una mirada innovadora sobre la migración: más allá de cifras y flujos, invita a considerar las dimensiones simbólicas y emocionales que organizan la vida política de las personas migrantes.
“Necesitamos entender que los juicios políticos no se forman solo por ideologías, sino por experiencias de vida marcadas por la violencia, la persecución o la pérdida”, asegura Pedemonte.
Desde el exilio, la política no desaparece. Se transforma, se reconfigura, y —como muestra este estudio— también migra con quienes la vivieron.
Para conocer más sobre estos estudios y del Diplomado Internacional Migraciones, Integración y Políticas Públicas, el 31 de julio a las 19:30 horas puedes participar del lanzamiento y de la conferencia “Contexto migratorio y políticas del nuevo gobierno estadounidense”, impartida por el Cristián Doña, doctor en Sociología e Historia, profesor de la U. de Nebraska (EE. UU.) y docente del Diplomado.