Cada 18 de agosto, Chile conmemora el Día Nacional de la Solidaridad en memoria de San Alberto Hurtado SJ, sacerdote jesuita cuya vida transformó la manera de comprender el compromiso cristiano con las personas más vulnerables. A más de siete décadas de su fallecimiento, su ejemplo continúa vigente y constituye el principal referente de la Universidad Alberto Hurtado, institución que lleva su nombre y busca proyectar su legado a través de la formación, la investigación y el servicio al país.
Nacido en Viña del Mar en 1901, Alberto Hurtado Cruchaga conoció desde muy joven las dificultades económicas y la incertidumbre. Tras estudiar Derecho, decidió ingresar a la Compañía de Jesús para dedicar su vida al servicio de las personas, convencido de que la fe debía expresarse en acciones concretas en favor de la justicia y la dignidad humana.
Su obra dejó una huella profunda en Chile: en 1944 fundó el Hogar de Cristo, iniciativa destinada a brindar acogida y dignidad a personas en situación de calle y vulnerabilidad. Más tarde impulsó la Asociación Sindical Chilena (ASICH), promovió los derechos de las y los trabajadores y creó la revista Mensaje, espacio de reflexión sobre la realidad social a la luz del pensamiento cristiano.
Su permanente preocupación por quienes vivían en condiciones de exclusión quedó reflejada en una pregunta que sigue interpelando hasta hoy: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”. Más que una frase, fue una invitación a actuar con responsabilidad frente a las desigualdades y a construir una sociedad más humana y solidaria.
San Alberto Hurtado falleció el 18 de agosto de 1952, a los 51 años, producto de un cáncer de páncreas. En 2005 fue canonizado por el papa Benedicto XVI, convirtiéndose en el primer santo nacido en Chile.
El sello hurtadiano en la Universidad
La Universidad Alberto Hurtado nació inspirada en el pensamiento y la acción de San Alberto Hurtado SJ. Como universidad de la Compañía de Jesús, asume el desafío de formar profesionales de excelencia comprometidos con el bien común, capaces de comprender la realidad, dialogar con ella y aportar a su transformación.
Su legado se expresa en una educación que integra la excelencia académica con la responsabilidad social, el respeto por la dignidad de las personas y la búsqueda de la justicia. También se refleja en las múltiples iniciativas de vinculación con el medio, voluntariado, pastoral, investigación y servicio que desarrolla la comunidad universitaria.
Llevar el nombre de San Alberto Hurtado no es solo un homenaje a una figura histórica: es un compromiso permanente con una manera de entender la educación como una herramienta para construir una sociedad más justa, solidaria y fraterna, poniendo siempre a la persona en el centro.
La Universidad debe ser el cerebro de un país, el centro donde se investiga, se planea, se discute cuanto dice relación al bien común de la nación y de la humanidad. Y el universitario debe llegar a adquirir la mística de que en el campo propio de su profesión no es sólo un técnico, sino el obrero intelectual de un mundo mejor. —San Alberto Hurtado SJ