A partir de la publicación de Magnifica Humanitas, la primera encíclica del Papa León XIV dedicada a la inteligencia artificial, la Universidad Alberto Hurtado realizó el conversatorio “Magnifica Humanitas: impacto social y humano de la inteligencia artificial”, instancia que convocó a académicas y académicos para reflexionar sobre los desafíos éticos, políticos y culturales que plantea el avance de estas tecnologías.
La actividad fue encabezada por la vicerrectora Académica de la UAH, Antonia Larrain, quien moderó el encuentro, y contó con la participación de Andrea Vicini SJ, teólogo, bioeticista y académico de Boston College; Daniela Alegría, directora de la Licenciatura en Filosofía UAH, y Alberto Coddou, abogado y académico de la Escuela de Gobierno y de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
En sus palabras de bienvenida, el rector de la UAH, Cristián del Campo SJ, destacó la relevancia de generar espacios de reflexión sobre las transformaciones tecnológicas contemporáneas: “La religión cristiana y particularmente en su perspectiva católica, es una religión que siempre cree en el diálogo fe y razón. Fe y cultura, fe y ciencia, siempre”, señaló, agregando que la encíclica se inserta en una larga tradición de pensamiento social de la Iglesia orientada a interpretar los desafíos de cada época.
Durante su exposición inicial, Andrea Vicini SJ presentó los principales ejes del documento pontificio, subrayando que la inteligencia artificial no debe entenderse únicamente como un fenómeno técnico, sino como una cuestión humana y social. En ese sentido, afirmó que “el progreso técnico, valioso en sí mismo, requiere un discernimiento sobre la visión antropológica que lo guía y los fines que persigue”, advirtiendo que el desarrollo tecnológico sin una adecuada maduración ética puede llevar a que “se tenga más, pero no se sea más”.
El académico destacó además la importancia de principios como el bien común, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social para orientar el desarrollo tecnológico. Asimismo, enfatizó que “la inteligencia humana, con su conciencia y su libertad, debe ser siempre la que guíe las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus límites”.
La dignidad humana frente a la automatización
Uno de los temas centrales de la conversación fue la necesidad de resguardar aquello que constituye la experiencia humana frente a procesos crecientes de automatización. Desde la filosofía moral y la ética del cuidado, Daniela Alegría planteó que la encíclica invita a proteger la dignidad de las personas frente a la tendencia a reducirlas a datos o cálculos: “Lo importante es no deshumanizar nuestra humanidad. Podemos pasar a ser un dato, un número o un cálculo, pero lo que tenemos que hacer es vernos los unos a los otros; ver el rostro del otro”, afirmó.
La académica sostuvo que la inteligencia artificial puede constituir una herramienta valiosa para apoyar determinadas tareas, especialmente aquellas vinculadas al cuidado indirecto, pero advirtió que no puede sustituir las relaciones humanas fundamentales.
Para Alegría, la encíclica releva conceptos centrales para la ética del cuidado, como la interdependencia, la responsabilidad y la atención a las necesidades concretas de cada persona, elementos que permiten comprender la humanidad más allá de la lógica de la eficiencia o la productividad.
Poder, regulación y derechos en la era digital
Desde una perspectiva jurídica y política, Alberto Coddou abordó las implicancias de la inteligencia artificial en las relaciones de poder y en la organización de la vida social. A su juicio, una de las preguntas fundamentales planteadas por la encíclica es quiénes tienen la capacidad de orientar el desarrollo tecnológico y bajo qué criterios: “Si hay una clave en la encíclica es la pregunta por el poder. Algo problemático en sí mismo”.
El académico destacó que el documento pontificio recupera la tradición de los derechos humanos y plantea la necesidad de contar con instituciones y marcos jurídicos capaces de orientar los procesos de transformación digital. En esa línea, valoró que la encíclica haga un llamado explícito a fortalecer mecanismos de regulación y rendición de cuentas frente al uso de tecnologías que impactan directamente en la vida de las personas.
“La humanidad ha logrado ponerse de acuerdo en instituciones y marcos jurídicos vinculantes”, indicó, poniendo de relieve la importancia de contar con principios compartidos para enfrentar los desafíos que plantea la inteligencia artificial.
Una reflexión sobre el futuro de la humanidad
Hacia el final, los expositores abordaron las visiones transhumanistas y posthumanistas presentes en algunos sectores del desarrollo tecnológico. Andrea Vicini SJ advirtió que estas perspectivas pueden conducir a una comprensión reducida de la persona humana, desvinculada de su corporalidad, sus límites y sus relaciones.
“El Papa quiere reclamar una visión de la dignidad humana marcada por nuestros límites y nuestra finitud”, sostuvo, agregando que la reflexión sobre la inteligencia artificial debe considerar también las dinámicas económicas y políticas que buscan definir el futuro desde posiciones de poder concentrado.
Así, el encuentro dejó planteada una pregunta de fondo sobre el tipo de sociedad que se busca construir en medio de una transformación sin precedentes. Las intervenciones coincidieron en la necesidad de situar la dignidad humana como criterio orientador de las decisiones técnicas, políticas y económicas.
Para cerrar, el conversatorio contempló un espacio de diálogo con las y los asistentes, quienes formularon preguntas sobre diversos temas vinculados a la encíclica y sus implicancias contemporáneas. Entre ellos, surgieron inquietudes respecto del papel público del Papa frente a los desafíos actuales, el alcance político de sus planteamientos y las responsabilidades de distintos actores sociales ante el desarrollo de la inteligencia artificial.
Desde esa perspectiva, el desafío no pasa únicamente por desarrollar nuevas capacidades tecnológicas, sino también por construir marcos regulatorios capaces de resguardar aquello que distingue a las personas: su libertad, su conciencia, su vulnerabilidad y su capacidad de establecer vínculos significativos con otros.