Fuente: Ciper
La instalación de la actual administración ha estado marcada por un crudo enfrentamiento técnico y político entre el actual ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, y su antecesor, Nicolás Grau. La controversia estalló cuando Quiroz denunció haber recibido un «fisco sin caja», con activos líquidos por apenas US$46,28 millones al cierre de diciembre de 2025. Para la autoridad entrante, esta cifra resultó «anómala» y «crítica», considerando que históricamente los cierres de ejercicio en Chile han promediado saldos significativamente superiores, superando los US$3.000 millones.
Desde la vereda opuesta, Grau calificó la denuncia como una lectura parcial, argumentando que el saldo fiscal fluctúa diariamente y que, gracias a emisiones de deuda ejecutadas en enero de 2026, la disponibilidad saltó rápidamente a US$1.406 millones. No obstante, datos posteriores de la Dirección de Presupuestos (Dipres) revelaron que la caja alcanzó los US$3.617 millones en febrero, un aumento que Quiroz atribuye a la contratación de nueva deuda y no a ahorros heredados del periodo anterior.
Datos comparativos: evolución de la caja fiscal (activos líquidos)
Cierre 2017 (Bachelet): US$3.234 millones
Cierre 2021 (Piñera): US$4.098 millones
Cierre 2025 (Grau): US$46,28 millones
Febrero 2026 (Quiroz): US$3.617 millones
EL MOTOR INVISIBLE: ¿QUÉ ES Y DE DÓNDE SALE EL DINERO?
Aunque el término suena a un objeto físico, la «Caja Fiscal» es la disponibilidad líquida de recursos que tiene el Estado para operar día a día. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI, 2020), esta no es más que una herramienta de gestión de riesgos: el «colchón de efectivo» (cash buffer) que permite que el país no se detenga si los ingresos fluctúan. En términos simples, es la cuenta corriente del país.
Este pozo se llena principalmente mediante tres fuentes: la recaudación de impuestos (IVA, Renta), los ingresos por la venta de recursos naturales y, cuando el gasto supera lo recaudado, mediante la emisión de bonos de deuda. El Banco Mundial (2020) subraya que la eficiencia de este sistema depende de una Cuenta Única del Tesoro, que centraliza los fondos para evitar que existan recursos «estancados» en distintas reparticiones mientras otras áreas enfrentan urgencias de pago.
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