Fuente: CHV
Un ejemplo es Copito, un perro de siete años que asiste cada jueves a las clases de Macroeconomía junto a su dueña, la profesora de la Facultad de Economía y Negocios, Bárbara Boggiano. Lejos de ser una distracción, las y los estudiantes aseguran que su presencia los motiva y les ayuda a concentrarse. “Se hace más entretenido tenerlo y hacerle cariño. Incluso uno se concentra más en la clase y motiva venir“, comenta una alumna.
Copito cuenta con su propio espacio en la oficina de la profesora y se ha ganado un lugar en la rutina universitaria. Pero no está solo: también participa Guadalupe, la mascota del profesor titular Eugenio Bobenrieth, pionero en esta práctica en la UAH. Ambos docentes cuentan con la autorización de Rectoría y el consentimiento de sus estudiantes, quienes valoran positivamente la experiencia.
Expertos destacan que la incorporación de mascotas en espacios académicos genera beneficios tangibles. Desde un ambiente más relajado y cercano hasta una mejor relación entre docentes y estudiantes. “Promueve un entorno más lúdico, que favorece un involucramiento distinto y mayor compromiso en el aprendizaje“, señala la jefa de la Unidad de Salud Mental Estudiantil de la UAH, Paulette Neveu.
Los datos respaldan esta experiencia. El Instituto de Investigación del Vínculo Humano-Animal sostiene que la presencia de animales eleva los niveles de dopamina y serotonina, mientras que la Fundación Affinity indica que el 85 % de las personas que trabajan en lugares pet friendly reportan menos estrés.
Así, lo que partió como una iniciativa personal se ha transformado en un aporte al bienestar de la comunidad universitaria. Una fórmula simple: menos estrés para los estudiantes y profesores, y más compañía y cariño para Copito y Guadalupe, los queridos integrantes de la UAH.
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