Fuente: CNN
Irán atraviesa una de las olas de protestas más grandes de los últimos años, en un contexto de crisis económica y debilitamiento regional que ha encendido las alarmas internacionales. La situación, que ya cumple más de dos semanas, ha dejado cifras de fallecidos que varían entre los dos mil y los veinte mil, según distintos observadores y agencias de derechos humanos.
Isaac Caro, director del Departamento de Política y Gobierno de la Universidad Alberto Hurtado, advierte que las manifestaciones actuales difieren significativamente de las ocurridas hace tres años y medio tras la muerte de Mahsa Amini. “Ahora las protestas tienen más que ver con el bolsillo de las personas, con la inflación que ha alcanzado cerca del 50%, y con la devaluación de la moneda. Además, la ciudadanía parece menos temerosa de enfrentar al régimen”, explica Caro.
El académico apunta a que los bazar —mercados tradicionales de Irán y otras ciudades musulmanas— han sido un motor clave de estas movilizaciones, sumándose a grupos previamente marginados como mujeres, estudiantes, minorías étnicas y personas LGTB. Todo esto en un escenario donde el régimen islámico se muestra debilitado por el retroceso de sus aliados internacionales, desde Siria hasta Venezuela, y la guerra en Ucrania, que mantiene ocupada a Rusia.
Caro advierte que, aunque la oposición iraní existe, está fragmentada entre republicanos y monárquicos, lo que dificulta la creación de un gobierno alternativo en caso de caída del régimen. “Un cambio de gobierno podría ocurrir sin que el régimen mismo se vea realmente afectado, dado el control de los guardias de la revolución y las fuerzas armadas”, afirma.
En este escenario internacional, Estados Unidos observa con interés la situación. Según Caro, los objetivos estadounidenses podrían no ser humanitarios: “Hay intereses vinculados al programa nuclear y al petróleo. Además, la intervención militar en Irán tiene costos enormes y podría desestabilizar toda la región, incluyendo a aliados como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, que han pedido prudencia”.
El especialista subraya que el mundo se encuentra en un “nuevo desorden internacional”, donde prevalecen la incertidumbre, el caos y el derecho del más fuerte, más que el multilateralismo o los tratados internacionales. “Volvemos a un orden bipolar, dominado por Estados Unidos y Rusia, especialmente en lo nuclear, mientras que China y otros países aún no alteran significativamente ese equilibrio”, advierte Caro.
El experto concluye con un llamado global: evitar una escalada que pueda llevar a una crisis irreversible. El reloj del apocalipsis nuclear, medido por el Boletín de Científicos Atómicos, marca actualmente 89 segundos para el posible fin del mundo, una señal de alerta frente a la creciente tensión internacional.
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