En entrevista con El Mostrador, el provincial Juan Cristóbal Beytía comparte su visión sobre el liderazgo jesuita y el papel público de la Compañía de Jesús.
Fuente: El Mostrador
El flamante provincial de la Compañía de Jesús en Chile admira el protagonismo de su colega ingeniero, el cardenal Fernando Chomali. Pero dice que su estilo es otro. Aquí habla con simplicidad y honestidad del rol de los jesuitas en el Chile de hoy y de la Cartografía Social 2024.
—Siendo súper franco, nunca la Compañía me ha mandado donde yo quería.
—O sea, ¿te ha estado castigando?
Sí, he sido un poquito castigado -dice el flamante superior provincial de los jesuitas en Chile, el ingeniero Juan Cristóbal Beytía (53), que antes fue director de la revista Mensaje. Y antes de eso, dirigió Techo-Chile, después de haber sido presidente de la Oficina de Planificación y Seguimiento Apostólico de la Compañía de Jesús, previo paso como asesor de la Comunidad de Vida Cristiana (CVX) en Santiago.
Repasadas sus funciones, él mismo insiste en que nunca quiso estar donde lo mandaron: “He sido un poquito castigado, pero soy obediente. Y tengo que decir que Dios ha sido fiel conmigo, porque en los lugares donde he estado, lo he pasado muy bien. Y creo que lo he hecho bien también”.
Elemental, Watson, es no deducir que Beytía no quería ser el superior provincial de los jesuitas. Pero aquí lo tenemos. Designado desde el 7 de junio pasado en el cargo por Arturo Sosa, el sacerdote venezolano que es la autoridad máxima de una orden religiosa tan poderosa como polémica.
—¿Cuál es la función del superior provincial?
Preocuparse de todos los jesuitas de Chile. Orientar su formación. Y a los que ya están formados darles una tarea, ubicarlos en una comunidad para que puedan ir realizando la misión que tiene la Compañía de Jesús en la provincia de Chile, que es un territorio. Y también está el ocuparse de los jesuitas mayores. En suma, formación, salud, destino, son cosas muy relevantes.
—¿Una tarea de padre?
Un deber de padre, de profesor, de hermano. De hacer el match entre los intereses y capacidades de cada uno y las necesidades del trabajo ministerial que hacemos los jesuitas. Uno trata de ajustar los intereses y capacidades con las necesidades que ve afuera. A veces eso sucede, otras veces no. Entonces hay que hacer un poco malabares para lograr que las cosas calcen lo mejor posible.
—También está el dar la cara frente a la sociedad, tarea compleja para tu antecesor, Gabriel Roblero, por los escándalos de abusos de poder y sexuales que han involucrado a jesuitas. ¿Crees que esas sombras se están disipando, que te toca un tiempo un poco más fácil?
Efectivamente, los dos provinciales anteriores, que son Cristián del Campo y Gabriel Roblero, tuvieron que enfrentar situaciones muy complejas. Enfrentarlas y también instalar una institucionalidad que evite que estas situaciones se repitan en el futuro. Ese ha sido un trabajo muy sostenido, primero por Cristián y después por Gabriel. A mí me toca un momento en que las cosas parecen estar más calmas. Pero seré el responsable y tendré que dar la cara si procede.
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