Fuente: La Tercera
Se ha marchado un cantautor, aquel artista que escribe sus canciones y las canta con su propia voz en contacto directo con el público. Eso es lo que hacía Julio Zegers, pues lo suyo no era el disco y menos el streaming. Publicó apenas tres discos en cinco décadas y cuesta encontrar canciones suyas en Spotify, pero su nombre forma parte ineludible de la memoria cantada de Chile.
Fue en su etapa de estudiante de Arquitectura cuando aprendió a hacer canciones mientras recorría calles, pasajes y rincones con esa mezcla de curiosidad y paciencia que suele tener quien dibuja, mide y se detiene. Esa fue su mejor escuela como hacedor de canciones: observar lugares, registrar gestos, imaginar historias que, al ser cantadas, se
vuelvan trascendentes, con Magdalena, Danai, un pescador, un soldado, un cantor y un carpintero habitando en ellas.
Es así como Julio Zegers hizo que la canción de autor en los años 70 transitara del contenido social al contenido humano, ruta también recorrida por Eduardo Gatti y Fernando Ubiergo. Esa canción humanista es la que Zegers llevó al circuito masivo de los festivales de la canción y a los shows de televisión. Primero fueron festivales universitarios y después sería el Festival de Viña del Mar.
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