Fuente: Radio Infinita
El 1 de agosto de 2024 entró en vigencia la Ley Karin, normativa que modificó el Código del Trabajo para fortalecer la prevención y sanción del acoso laboral, tomando su nombre de Karim Salgado, funcionaria de la salud que en 2019 se quitó la vida tras sufrir hostigamiento en su entorno laboral.
A un año de su implementación, la evaluación es positiva, aunque persisten desafíos. Según Magdalena Ahumada, académica de la Facultad de Psicología de la Universidad Alberto Hurtado, el primer impacto de la ley fue la visibilización:
“En los primeros meses aumentaron las denuncias, pero eso no significa que haya más violencia, sino que ahora se transparentó lo que antes estaba invisibilizado dentro de las organizaciones. Las personas encontraron una herramienta para denunciar lo que ya ocurría”.
Para la investigadora, el cambio cultural que impulsa la ley es clave, pues obliga a las empresas a generar canales de comunicación efectivos y mecanismos de prevención. Sin embargo, recalca que el ideal es que las denuncias disminuyan con el tiempo, no porque se inhiba a los trabajadores, sino porque se instale una cultura de respeto.
“Lo que uno espera es que las organizaciones desarrollen ambientes laborales democráticos, de buen trato y convivencia, de manera que los conflictos —que siempre existirán— no escalen hasta transformarse en violencia”.
Cambios culturales y sectores críticos
Entre los avances, Ahumada destaca que hablar de violencia en el trabajo ya es en sí mismo un cambio cultural. Además, muchas organizaciones han comenzado a revisar de manera participativa sus protocolos de denuncia, evitando que queden “guardados en un cajón” y sin aplicación real.
“La Ley Karin ha contribuido a desestigmatizar temas que antes eran imposibles de abordar, como salud mental y violencia laboral. Eso siempre será un factor protector para los trabajadores y, en el largo plazo, permitirá construir ambientes de trabajo más saludables en Chile”.
“La Ley Karin ha contribuido a desestigmatizar temas que antes eran imposibles de abordar, como salud mental y violencia laboral. Eso siempre será un factor protector para los trabajadores y, en el largo plazo, permitirá construir ambientes de trabajo más saludables en Chile”.
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