Fuente: Ciper
Con estupor hemos conocido la instrucción dirigida a trabajadoras y trabajadores del Ministerio de la Mujer que solicita evitar el uso de la palabra territorio y reemplazarla por comunidad, bajo el argumento de que territorio sería un concepto asociado a la izquierda. La situación es preocupante por razones que exceden ampliamente una disputa terminológica. Lo complejo es que cuando desde una institución pública se intenta retirar una categoría del lenguaje profesional por su supuesta adscripción ideológica, se configura un problema que compromete la calidad de las políticas públicas, la formación de quienes las implementan y, de manera especial, la responsabilidad ética de un Estado que debe comprender la realidad social antes de intervenir.
El asunto necesita precisiones básicas: territorio y comunidad no son conceptos equivalentes. Mantienen una relación estrecha, se intersectan, se condicionan y pueden producirse mutuamente en determinados procesos históricos. Sin embargo, refieren a dimensiones analíticas diferentes. Confundirlos es un error conceptual con consecuencias prácticas, puesto que, sustituir deliberadamente uno por otro, además, transforma una discusión académica y profesional en una decisión política que empobrece las herramientas disponibles para comprender las desigualdades y las relaciones sociales que atraviesan la vida de las personas.
El territorio refiere a una dimensión espacial de la vida social. Tiene una materialidad evidente: calles, viviendas, edificios, escuelas, hospitales, centros de salud, supermercados, plazas, carreteras, servicios públicos, lugares de trabajo y múltiples infraestructuras que organizan la vida cotidiana. Allí ocurren los hechos sociales, se distribuyen los recursos, se establecen relaciones, se producen desplazamientos y se experimentan oportunidades y restricciones concretas.
Sin embargo, reducir el territorio a su dimensión física es igualmente insuficiente puesto que el territorio es una construcción social, política, histórica, cultural y simbólica. La forma en que un lugar distribuye sus viviendas, sus servicios, sus áreas verdes, sus establecimientos educacionales y sus posibilidades de transporte expresa relaciones de poder y decisiones políticas. La segregación urbana constituye territorio; la desigualdad territorial constituye territorio; la distancia entre una vivienda y un centro de salud constituye territorio; el tiempo que una mujer debe invertir para trasladarse desde su hogar hasta su lugar de trabajo constituye una experiencia territorial; la ausencia de iluminación en determinados espacios públicos, el miedo a transitar por determinadas calles, la concentración de servicios en determinados sectores y el aislamiento de otros grupos de población forman parte de la manera en que el territorio organiza la experiencia social.
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