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A 45 años del golpe: El rol de Los Archivos

Son expedientes judiciales, carpetas de atención, fichas de registro de víctimas, formularios de declaración o pautas de entrevista, cuestionarios y bases de datos utilizados para registrar y actuar con respecto a las violaciones perpetradas.

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Oriana Bernasconi, Ph.D en Sociología por la London School of Economics and Political Science, Reino Unido. Académica e investigadora del Departamento de Sociología UAH.

Por Carmen Sepúlveda

Oriana Bernasconi es Ph.D en Sociología por la London School of Economics and Political Science, Reino Unido, y está a cargo de una de las investigaciones interdisciplinares más rigurosas que se han hecho sobre el registro de las violaciones a los derechos humanos en Chile.

Su investigación “Tecnologías Políticas de la Memoria: una genealogía  de los dispositivos de registro y denuncia de las violaciones a los derechos humanos por la dictadura militar en Chile (1973-1990)”, realizada en colaboración con la Universidad de Oxford,  permite revisar la documentación que registró la dictadura en Chile y dialogar con información que habla por sí sola del horror del régimen.

Son archivos de las organizaciones de la sociedad civil que asistieron a víctimas y familiares durante la dictadura. Son expedientes judiciales, son carpetas de atención, fichas de registro de víctimas, formularios de declaración o pautas de entrevista, cuestionarios y bases de datos utilizados para registrar y actuar con respecto a las violaciones perpetradas.

“Observar estos instrumentos, al parecer triviales, propios del trabajo cotidiano de las organizaciones de derechos humanos y, luego, del Estado, permite problematizar cómo hemos procesado el terror y cómo hemos denunciado y construido la memoria de la mayor catástrofe socio-política del Chile contemporáneo”, comenta.

Para Bernasconi la importancia de registrar la violación a los derechos humanos mientras sucede es que permite tener un registro análogo a la violencia. Este fue el caso de Chile – un caso excepcional por el peligro que reviste para las personas involucradas. Hoy ese registro se constituye en  prueba y evidencia para casos judiciales.

En un texto que escribió con las académicas Marcela Ruiz y Elizabeth Lira encontraron que el ochenta por ciento de las violaciones a los derechos humanos calificados en el Informe Rettig tenía carpeta y estaba documentado en la Vicaría de la Solidaridad. De ahí, la importancia de registrar en dictadura porque permitió denunciar, a nivel nacional y concitar repudio a nivel internacional para lograr el fin pacífico de la dictadura, permitir asistir a las víctimas, y poner orden en el caos.  

“Cuando registras empiezas a nominar, clasificar, categorizar, clasificar, definir patrones y dices: aquí se está constituyendo algo que es “detenido no ubicado” que devino después en “detenido desaparecido”. Aquí está pasando este tipo de captura que es “por hora”, y esa clasificación se logra porque se trabaja la información y se produce conocimiento.

-¿A 45 años del golpe cuál es el valor de haberlo escrito todo en papel?-

-Registrar permite asistir a las víctimas y fomentar agruparlas, se les dice: “ustedes tienen  la misma situación, sus familiares son detenidos no ubicados, vayan a buscarlos juntos” y así se formó la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos en el Comité Pro Paz. Si no ordenabas este horror era imposible iniciar la búsqueda.  El otro rol relevante del registro pormenorizado y sistemático durante toda la dictadura fue enrostrarle al régimen la realidad de la violación a los derechos humanos que negaba que existiera. También el escribir en papel y conservar los registros permitió que sirvieran de antecedentes para los juicios de lesa humanidad. A veces se piensa que esto es para la memoria, para las víctimas y no, esto también permite hoy hacer justicia.

-¿Qué muestran los archivos?-

-Los archivos muestran la realidad así tal cual es, la crudeza de una política sistemática de violación de los derechos humanos perpetrada en contra de los conciudadanos por una supuesta ideología. De hecho se pueden ver en los  formularios o incluso en la misma carta que envía Pinochet al Cardenal Silva Henríquez para pedirle el cierre del Comité Pro Paz donde le dice: “Ustedes están amparando a estos marxistas”. Ahí vez la supuesta lucha ideológica que para la dictadura “justificó” la masacre. 

-¿Qué se le dice a las personas que aún niegan este capítulo de la historia?-

-Para la gente que piensa que esto no fue así o que opinan “algo habrán hecho”, en los archivos tienes testimonios de primera mano. Son historias que dicen “yo era un campesino”, “yo trabajaba en una fábrica”, “yo era un estudiante” y el pecado de ese joven fue participar en una federación universitaria  y por eso terminó preso, torturado y exiliado. Eso hace mucho sentido por el activismo juvenil que tenemos hoy, yo les digo a mis estudiantes: “Alguien como tú era sospechoso por el solo hecho de estudiar sociología. Nada más”.  

Una de las preocupaciones de los investigadores es  cómo dialogar con las nuevas generaciones, considerando que los sobrevivientes se están muriendo, y el campo de la memoria debe ser capaz de escribir esta historia en otros dispositivos que hagan sentido a las generaciones actuales.

“La pregunta es: ¿Se usan los archivos para contar la historia del país? El Centro de Documentación del Museo de la Memoria tiene puesto en su página web mucho material. ¿Se usa o no en el aula? Educar es condición necesaria para no repetir la historia, para fortalecer la democracia y construir  una cultura irrestricta al respeto de los derechos humanos”, concluye la investigadora.  

 

 

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