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Carlos García, académico de Economía y Negocios: “El crecimiento no se recuperará solo con el alivio tributario, sino a través de una agenda catalizadora de la actividad privada”

Académico de la Facultad de Economía y Negocios UAH analiza el plan económico de José Antonio Kast y advierte que las rebajas tributarias propuestas tendrían efectos limitados sobre el crecimiento y el empleo, además de aumentar riesgos de desigualdad y presión fiscal.

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Fuente: Revista Mensaje

El anuncio del 15 de abril en cadena nacional del presidente José Antonio Kast, centrado en el «Proyecto de Ley de Reconstrucción y Desarrollo Económico y Social», marca un punto de inflexión en la estrategia de desarrollo, al intentar «romper el ciclo de estancamiento» que, a su juicio, ha caracterizado a la última década en Chile.

Con más de cuarenta medidas organizadas en torno a cinco ejes —competitividad tributaria, fortalecimiento del empleo formal, facilitación regulatoria, certeza jurídica y contención del gasto público—, el discurso apeló a una
«emergencia económica» que requiere, en palabras del mandatario, un Estado que «no trabe» y una «carga tributaria que no asfixie», bajo una lógica de austeridad fiscal y reactivación privada. Sin embargo, bajo la superficie de este
optimismo proinversión, subyacen tensiones estructurales que la academia ha cuestionado sistemáticamente.

Las ideas detrás de la reforma

El eje tributario descansa en la rebaja del impuesto corporativo de primera categoría del 27% al 23%, junto con la reintegración gradual del sistema, que permitiría usar el 100% del impuesto pagado por las empresas como crédito
contra impuestos personales de sus dueños, con plena vigencia proyectada para el año tributario 2031. El relato
de fondo no varía: se reduce la presión sobre el capital para incentivar la inversión, con la promesa de que el
dinamismo recuperará los ingresos fiscales. En teoría, el argumento tiene sustento. La literatura neoclásica sostiene
que tasas elevadas erosionan la inversión; economistas como Mertens y Ravn (2013) estiman que una rebaja de un
punto porcentual en la tasa corporativa podría expandir el pib per cápita en un 0,6% a corto plazo. Aplicado a Chile,
un recorte de cuatro puntos daría un impulso teórico del 2,4%, tentador en un país con crecimiento potencial al 2%.

El mecanismo es el siguiente: al recortar el impuesto, el Estado deja más dinero en la «caja» de la empresa tras sus operaciones. Esto eleva la rentabilidad neta de los proyectos; negocios que antes no se realizaban porque el
margen de ganancia era estrecho tras pagar tributos, de pronto se vuelven atractivos. Bajo esta lógica, el empresario
toma ese ahorro fiscal y lo inyecta en maquinaria, nuevas sucursales o tecnología, lo que a su vez demanda más trabajadores y genera un círculo virtuoso de consumo. Esta apuesta se basa en la célebre curva de Laffer, que postula que reducir tasas excesivas puede, paradójicamente, aumentar la recaudación total al estimular una base imponible
más amplia. El toque final es gravar el dinero que sale de la empresa; así, al dueño le conviene más reinvertir que
retirar sus ganancias.

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