¿Qué revela el fútbol sobre las desigualdades de género presentes en la sociedad? Esa fue una de las preguntas que atravesó la III Cátedra de Fútbol y Género de la Universidad Alberto Hurtado, realizada en el contexto del OFG “La pelota no se mancha: dimensiones socioculturales del fútbol”.
La conversación reunió a Javiera Moreno, presidenta del Sindicato Nacional de Futbolistas Profesionales Mujeres (ANJUFF); Lieta Vivaldi, académica de la Facultad de Derecho UAH; Samanta Ponce-Hille, analista de Género de la Dirección de Género, Diversidad y Equidad (DGDE) UAH, y fue moderada por Diego García, investigador del Instituto de Teología y Estudios Religiosos (ITER UAH).
Desde su experiencia como dirigenta y exfutbolista profesional, Moreno repasó los avances que ha significado la Ley de Profesionalización del Fútbol Femenino, impulsada tras años de organización de las propias jugadoras: “Cuando nos articulamos en 2016 eso nos permitió, a nivel mediático e institucional, ser una contraparte válida”, aseguró. Sin embargo, advirtió que el reconocimiento legal no ha resuelto todos los problemas: “Hoy en día nos damos cuenta de que eso no es suficiente”.
La presidenta de ANJUFF planteó que persisten brechas relacionadas con infraestructura, condiciones laborales, financiamiento y visibilidad, además de una dependencia estructural del fútbol femenino respecto de las decisiones tomadas en el ámbito masculino.
Por su parte, la académica Lieta Vivaldi situó la discusión en un contexto más amplio, señalando que las dificultades que enfrentan las mujeres en el fútbol son reflejo de desigualdades presentes en otros espacios sociales. “Lo que sucede en el fútbol también sabemos que sucede en muchos otros aspectos de la vida, del derecho y de las instituciones“, aseveró, destacando la necesidad de avanzar en condiciones materiales que permitan ejercer efectivamente los derechos y oportunidades.
Vivaldi subrayó la relevancia de promover una educación no sexista desde la infancia, cuestionando las barreras culturales que siguen limitando la participación de niñas y mujeres en distintos ámbitos, incluido el deporte.
La académica recordó además que el Estado chileno mantiene compromisos nacionales e internacionales en materia de igualdad y no discriminación que también alcanzan al ámbito deportivo, lo que obliga a avanzar en políticas que promuevan una participación efectiva y equitativa.
Desde las comunicaciones, Samanta Ponce-Hille abordó el rol de los medios en la reproducción de estas desigualdades:
“Los medios de comunicación muchas veces entrevistan solamente a dirigentes hombres, futbolistas hombres e hinchas hombres, dejando de lado fuentes de mujeres que son fundamentales para la discusión“, sostuvo.
Asimismo, llamó a involucrar a más hombres en las conversaciones sobre género y diversidad, advirtiendo que los cambios culturales requieren espacios compartidos de diálogo y aprendizaje: “Si nos quedamos segmentados y no estamos discutiendo entre todos, finalmente se generan burbujas donde los hombres no están aprendiendo“, afirmó.
La jornada dejó en evidencia que hablar de fútbol implica discutir sobre trabajo, derechos, representación, educación y participación. Porque cada vez que una mujer entra a una cancha, también pone en juego una pregunta que excede los 90 minutos de partido: quiénes tienen derecho a ocupar los espacios que durante demasiado tiempo parecieron reservados para otros.