En Chile, la educación musical ha sido tradicionalmente valorada por su potencial artístico, cultural y emocional. Sin embargo, detrás de las partituras y las melodías, existe una realidad menos visible: a lo largo de décadas, artistas de la música han relatado experiencias de trato poco humano, desde metodologías punitivas hasta estereotipos culturales que han limitado la expresión artística.
Frente a este escenario, surge un proyecto Fondecyt de Iniciación liderado por el académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades Rolando Angel-Alvarado, el cual se centra en un punto estratégico: las carreras de pedagogía en música. Allí se forman las y los futuros docentes que, en pocos años, estarán frente a nuevas generaciones de estudiantes y tendrán en sus manos la posibilidad de transformar las aulas en espacios más inclusivos, dialógicos y creativos.
Tras un trabajo de investigación, análisis y depuración, el equipo llegó a un producto final que condensa este enfoque: Desierto Florido: Orientaciones Clave para Promover la Educación Musical en Derecho Humano, un cuadernillo digital gratuito que, mediante analogías con la fauna del desierto de Atacama, explica de manera sencilla cinco principios fundamentales para una educación musical más justa y plural.
En esta conversación, exploramos con Rolando las motivaciones, hallazgos y proyecciones de este trabajo.
—¿En qué consiste la “pedagogía musical problematizadora y activista”?
Problematizadora significa que cuestiona las malas prácticas normalizadas, y activista porque busca reemplazarlas por otras que garanticen la dignidad humana y devuelvan a la educación musical su potencial transformador. Esto implica formar docentes que promuevan el respeto, la inclusión cultural y la reflexión crítica sobre su propia práctica.
—¿Cómo trabajaron para llegar a estas orientaciones clave?
Nos enfocamos en las carreras de pedagogía en música, porque ahí se forman quienes mañana estarán en las salas de clase. Durante el proceso, construimos orientaciones, las probamos, las ajustamos y depuramos. Comenzamos con doce y llegamos a cinco orientaciones fundamentales: pluralismo, socioconstructivismo, gestión, redes profesionales y reflexividad.
—¿Podrías explicar cada una brevemente?
Claro.
Pluralismo: Reconocer y respetar todas las expresiones musicales, sin prejuicios ni estereotipos. Por ejemplo, no juzgar si un estudiante escucha música urbana o folclórica: ambas son parte de su identidad cultural.
Socioconstructivismo: Construir el aprendizaje en comunidad. El profesor deja de ser el único poseedor del conocimiento y reconoce el capital cultural del estudiante.
Gestión: Desarrollar habilidades para liderar proyectos culturales, científicos y educativos que trasciendan la sala de clases.
Redes profesionales: Evitar el aislamiento docente y fomentar el trabajo colaborativo con colegas de otras instituciones y contextos.
Reflexividad: Evaluar críticamente la propia práctica docente para mejorar tanto la enseñanza como el trato con estudiantes y colegas.
—El título del cuadernillo, “Desierto Florido”, es muy visual. ¿Cómo surgió y cómo se vincula con la propuesta?
Quisimos que el documento fuera accesible para un público no experto, así que usamos metáforas con la fauna del desierto. Por ejemplo, el colibrí del desierto, que poliniza, representa la reflexividad, porque conecta y nutre a las demás orientaciones. El “degú”, un roedor que hace túneles y vive en clanes colaborativos, simboliza las redes profesionales. De esta forma las orientaciones se vuelven más fáciles de comprender y recordar.
—¿Dónde estará disponible este material?
Será un cuadernillo digital gratuito, pensado para que cualquier persona interesada pueda acceder a él, no solo especialistas. Queremos que circule ampliamente, porque creemos que humanizar la educación musical es una tarea colectiva.