Fuente: El Mercurio
En los últimos meses se ha instalado en el debate público la idea de que Chile tiene demasiados profesionales, que la masificación de la educación superior produjo egresados sin competencias reales ni mercado laboral —los llamados “cesantes ilustrados”—, y que las universidades debieran reservarse para quienes obtienen los puntajes más altos en la PAES, orientando al resto hacia una formación técnica de corta duración. Es una discusión legítima y, por lo mismo, exige evidencia sólida sobre las afirmaciones que se formulan.
El Programa para la Evaluación Internacional de las Competencias de los Adultos (PIAAC) muestra que completar estudios terciarios en Chile hace una diferencia sustantiva: se asocia con una ganancia de 39 puntos en comprensión lectora y 41 en razonamiento matemático, respecto de quienes solo tienen educación media, por encima del promedio de la OCDE (34 y 35 puntos, respectivamente). De acuerdo con esta medición, las generaciones que accedieron a la educación superior durante el período de mayor expansión del sistema son las que obtienen los mejores resulta-
dos en los tres dominios evaluados. Si la masificación hubiera deteriorado la formación, cabría esperar exactamente lo
contrario.
Education at a Glance 2025 establece que Chile exhibe los mayores retornos financieros privados a la educación universitaria de toda la OCDE, junto con la mayor razón costo-beneficio y la mayor tasa interna de retorno de la
educación terciaria. El “premio salarial” de un título terciario respecto de la educación media su pera en más del doble del promedio de la OCDE. Retornos de esta magnitud son difíciles de conciliar con la imagen de un mercado laboral saturado de titulados sin salida. Y todo ello ocurre gastando menos de un tercio por estudiante terciario que el
promedio de la OCDE y con un financiamiento público de solo 47,7%, muy por debajo del 71,9% promedio.
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