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Camila Pérez, académica de Educación: “¿Logrará la escuela volver a ser un espacio donde el cuidado del árbol se enseñe con convicción colectiva?”

A propósito del Día del Árbol, la columna revisa cómo la escuela chilena promovió hace más de un siglo la protección de los bosques y plantea el desafío de recuperar la educación ambiental como una formación crítica frente a la crisis climática actual.

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Fuente: Diario Atacama

Corría el año escolar de 1938, cuando Marta -una joven estudiante del Liceo de Niñas de Temuco- lamentaba ser espectadora de los procesos de destrucción de los bosques en el sur de Chile. En un escrito publicado en la revista escolar Simiente, la estudiante admitia su incapacidad de entender por qué algunos hombres, “con manos crueles e inconscientes, den muerte por medio del fuego a miles de arbolitos que, unidos como para defenderse, forman nuestras montañas”. En ese discurso de la época la amenaza ecológica que significaba la deforestación de los bosques chilenos era real, no una simple advertencia.

Este porvenir sombrío no era nuevo. Desde 1909 el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública llevó a cabo un conjunto de acciones educativas orientadas a proteger y resguardar árboles y bosques. Una de estas iniciativas fue la realización de la Fiesta del Árbol, celebrada colectivamente por todas las escuelas de una misma ciudad o pueblo, con asistencia de las autoridades locales y escolares. La actividad incluía la recitación de poesías, monólogos, himnos y conferencias de destacadas personalidades o expertos. En algunos casos, era acompañada por actividades de perfeccionamiento docente en temáticas agrícolas o vegetales. Hacia finales de la década de 1920, esta era una celebración escolar que se repetía en todo el país.

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