Fuente: Ciper
La primera vuelta presidencial en Colombia dejó una pregunta abierta: ¿el país está girando hacia la derecha o
estamos frente a un voto de desencanto hacia el gobierno actual? Una respuesta parece sugerir que hay un
poco de ambas. Con el 43,74% de los votos, Abelardo De la Espriella, candidato del movimiento Defensores de
la Patria, logró imponerse sobre Iván Cepeda Castro, candidato oficialista del Pacto Histórico, que obtuvo el
40,09%. La diferencia apenas de tres puntos porcentuales, aunque estrecha, es suficiente para instalar una
narrativa que marcará las próximas semanas: la posibilidad de una alternancia política después del primer
gobierno de izquierda en la historia reciente de Colombia. Sin embargo, interpretar estos resultados
únicamente como un giro ideológico hacia la derecha podría resultar apresurado.
Aunque la elección contó con 11 candidaturas presidenciales, la competencia terminó concentrándose en dos
proyectos políticos claramente enfrentados. La fragmentación inicial dio paso a una fuerte polarización entre
quienes buscan la continuidad del proyecto político del Pacto Histórico, y quienes ven en De la Espriella una
alternativa frente al actual gobierno. Las opciones de centro quedaron relegadas, aunque sus resultados
podrían resultar decisivos en la segunda vuelta. Paloma Valencia candidata del centro democrático obtuvo un
6,92%, mientras que Sergio Fajardo alcanzó el 4,26%. Se trata de un caudal electoral que hoy queda en libertad
de optar por cualquiera de las dos candidaturas o por el voto en blanco, una alternativa simbólica, pero sin
efectos prácticos en segunda vuelta presidencial.
Una de las explicaciones del resultado radica en la capacidad del candidato De la Espriella para consolidar el
electorado de derecha. Durante los últimos meses de campaña, las encuestas mostraron un crecimiento
sostenido de su candidatura, quitándole votos principalmente a la candidata Paloma Valencia, quien llegó a
registrar porcentajes cercanos al 20% en algunos sondeos durante los primeros meses del año y obtuvo
finalmente un 6,92% en las urnas. Parte de ese electorado parece haberse concentrado estratégicamente en la
candidatura con mayores posibilidades de disputar el liderazgo electoral, en una lógica de voto útil frente al candidato oficialista, que encabezaba las encuestas en primera vuelta.
A esta explicación se suma el aumento de la participación electoral. Mientras en la primera vuelta presidencial
de 2022 votó el 54,56% del padrón electoral, en 2026 la participación alcanzó el 57,88%. Aunque todavía es
temprano para determinar con precisión el comportamiento de esos nuevos votantes, los resultados sugieren
que el incremento en la participación benefició principalmente a la oposición y a sectores de centro- derecha, mientras que el oficialismo mostró un crecimiento más limitado.
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