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Marcela Barraza, profesora de Psicología: “La perspectiva de transformarse en madres y padres ha cambiado radicalmente en menos de un siglo”

La caída de la natalidad en Chile exige mirar más allá de los incentivos económicos. La discusión debe incorporar cambios culturales, nuevas formas de familia, políticas de cuidado, conciliación laboral y el reconocimiento de las transformaciones que las nuevas generaciones han instalado en torno a la maternidad, paternidad y crianza.

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Fuente: Ciper

No es novedad para nadie que el decrecimiento de la tasa de natalidad es un problema que se presenta desde hace años a nivel global. En todos los países del mundo el número de hijos por mujer se ha reducido de manera significativa.

En Chile, este índice ha disminuido tan drásticamente que hemos llegado a ser el país con las cifras más bajas a nivel mundial, con una tasa global de fecundidad (TGF), que pasó de 5,4 hijos por mujer en 1960 a 1,06 en 2024, de acuerdo con datos del Boletín Demográfico Anual Provisional de Estadísticas Vitales 2024 del INE (abril, 2025)

En ese marco, el interés del gobierno por reconocer mediante el bono «Gracia Presidencial al Séptimo hijo» la profusa natalidad de las familias no solo revela un entendimiento superficial de la problemática, sino que expone, más fundamentalmente, la ausencia de una comprensión cabal del fenómeno: sin ella, cualquier medida adoptada difícilmente podrá constituir una solución pertinente y de largo plazo.

Las reflexiones de los jóvenes en edad de tener hijos son iluminadoras: en un mundo donde la violencia y el cambio climático no permite una proyección de vida saludable y estable para niñas, niños y adolescentes; en un país donde las condiciones de vivienda, salud y educación cada día hacen más difícil acceder a una niñez digna que cuente con las condiciones mínimas para desarrollarse y crecer; y en una sociedad en la que las inequidades de género obligan a las mujeres a pagar el costo de la natalidad de toda una nación, la perspectiva de transformarse en madres y padres de las niñeces del futuro ha cambiado radicalmente en menos de un siglo.

Fortalecer la política pública, orientando el apoyo hacia la visibilización y el sostén institucional del cuidado de niñas, niños y adolescentes, resulta la medida primaria, básica e insoslayable para iniciar una conversación acerca de cómo revertir la caída de los números. 

Además de la creación del Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, a través de la Ley 21.805, publicada en febrero de este año, que reconoce esta necesidad; es importante generar otras herramientas estatales que, por ejemplo, permitan a las familias con hijos acceder a viviendas dignas a precios razonables; contar con un sistema de salud eficiente y oportuno para resguardar la salud de las familias que crían; contar con salas cunas universales y consolidar herramientas concretas de conciliación laboral y familiar que permitan a mujeres y hombres mantener su desarrollo profesional al mismo tiempo que desarrollan las labores de crianza, entre otras. Una estructura de aportes multidimensionales se convierte en un apoyo social que puede permitir, a quienes desean ser padres y madres, contar con una red de cuidado y protección que los fortalezca como para aventurarse a la crianza de las niñeces.

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