Fuente: La Tercera
Cuando el Cardenal Prevost fue elegido Papa hace algo más de un año, no pasó desapercibido el nombre que eligió. Irrumpió el recuerdo de León XIII, el papa de la Rerum Novarum que dio inicio a lo que hoy conocemos como la doctrina Social de la Iglesia.
La encíclica Rerum Novarum fue publicada en 1891 y significó una declaración inusualmente concreta de la Iglesia
sobre las graves realidades sociales que golpeaban a Occidente, invisibles en medio de la industrialización. Con toda la autoridad de un papa, León XIII afirmó que la dignidad del trabajador precede a cualquier lógica económica y que ningún orden productivo puede desconocerla sin mediar una gran injusticia.
La encíclica imprimió así una mirada católica sobre la economía: discernir los modos de producción a la luz de la persona, especialmente la más vulnerable, tomando distancia de la bendición acrítica del mercado y de la condena ingenua del progreso. Esa tradición siguió su curso. En décadas sucesivas se publicaron encíclicas que configuraron un corpus magisterial en defensa de la dignidad inalienable del ser humano frente a nuevos modos de precarización. Con Magnifica Humanitas , León XIV ha añadido un eslabón a esa tradición, esta vez sobre el ser humano en tiempos de la inteligencia artificial.
Lo que en 1891 era el obrero reducido a mercancía, hoy es la persona reducida a dato, perfil e insumo que entrena un modelo. La forma de cosificación cambia con cada revolución, mientras el principio que la denuncia permanece. León XIV lo formula cuando advierte que la tecnología nunca es neutral, menos en las inteligencias artificiales modernas, más cultivadas que construidas (MH 98), pues incorporan sesgos de quienes las diseñan y financian con intereses concretos.
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