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UAH abre conversación institucional sobre los desafíos y oportunidades de la ciencia abierta

Investigación, acceso al conocimiento y gestión de datos fueron algunos de los temas abordados en una jornada que marca un nuevo paso en el desarrollo de la ciencia abierta en la Universidad.

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La actividad reunió a integrantes de la comunidad universitaria para abordar los principios de la ciencia abierta y los desafíos que plantea para la investigación, desde la gestión y preservación de datos hasta la privacidad, la propiedad intelectual y el acceso al conocimiento. La instancia forma parte de Hacsfera 2030 y del proceso que impulsa la Universidad para avanzar en capacidades, infraestructura y gobernanza en esta materia.

¿Cómo hacer que el conocimiento producido por las universidades pueda circular, ser reutilizado y contribuir de mejor manera a la sociedad? Esa fue una de las preguntas que atravesó la charla «Ciencia abierta desde cero: qué es, por qué importa y qué significa para la UAH», organizada por la Dirección de Investigación, Desarrollo y Creación Artística (DIDCa) junto a la Dirección de Biblioteca y Archivo de la Universidad Alberto Hurtado.

La actividad contó con la participación de Aisén Etcheverry, vicerrectora de Investigación e Innovación UAH, y Andrea Rubilar, periodista y magíster en Edición con experiencia en edición científica, gestión editorial universitaria y ciencia abierta. La jornada permitió introducir conceptos fundamentales y abordar preguntas concretas sobre los cambios que este paradigma supone para las prácticas de investigación y para las instituciones que producen conocimiento.

La instancia se desarrolló como parte de Hacsfera 2030, iniciativa financiada por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) a través del concurso Conocimientos 2030, y constituye uno de los primeros espacios de sensibilización y conversación sobre el desarrollo de la ciencia abierta en la Universidad.

El conocimiento como bien común

En su intervención, Aisén Etcheverry situó la ciencia abierta en una discusión que excede los aspectos técnicos asociados a publicaciones, repositorios o datos. La vicerrectora planteó que uno de sus fundamentos se encuentra en comprender el conocimiento como un bien común y considerar, además, que una parte importante de la investigación se desarrolla mediante financiamiento público.

“Cuando hablamos de ciencia abierta, no se trata del bono más, el bono menos, o de los recursos que tengo que poner en APC. Se trata de volver a reflexionar sobre por qué creamos conocimiento, para qué creamos ese conocimiento y cómo, particularmente en una universidad como esta, hacemos que esté disponible de una manera que pueda cumplir el objeto para el cual fue creado”, señaló Etcheverry.

La vicerrectora también abordó la evolución de esta discusión en Chile y las exigencias que progresivamente se han incorporado a los instrumentos de financiamiento de la investigación. En este escenario, explicó, las universidades enfrentan el desafío de desarrollar infraestructura, reglas y modelos de gobernanza que permitan gestionar adecuadamente publicaciones, datos e información científica.

Este proceso debe avanzar en diálogo con las normas de protección de datos personales, los consentimientos informados, la propiedad intelectual y otras restricciones legales o éticas propias de cada investigación.

“El desafío que tiene la Universidad es precisamente generar protocolos, reglas y estructuras que permitan, respetando todas las restricciones que hoy existen, avanzar lo más posible en la transferencia y reutilización de los datos. Pero en ningún caso significa que, porque están las reglas de ciencia abierta, vamos a pasar por alto los consentimientos informados o las reglas de privacidad que existen por ley”, explicó Etcheverry.

Abrir el conocimiento de manera responsable

Andrea Rubilar profundizó en las implicancias prácticas de este modelo y planteó una distinción central: ciencia abierta no significa hacer público indiscriminadamente todo aquello que se produce durante una investigación.

“La ciencia abierta no es publicar todo. Es definir qué vamos a abrir, bajo qué condiciones, en qué plataforma y con qué restricciones. Y esa es una decisión institucional”, afirmó.

La especialista explicó que la apertura puede abarcar publicaciones, datos de investigación, metodologías, códigos, recursos educativos y otras formas de producción de conocimiento. Esto adquiere especial relevancia en las Humanidades, Artes y Ciencias Sociales, donde entrevistas, fotografías, archivos, documentos, obras audiovisuales y testimonios también pueden constituir datos de investigación y requieren criterios específicos para su gestión, preservación y eventual apertura.

Rubilar enfatizó, además, que la ciencia abierta debe pensarse desde el diseño mismo de una investigación y no únicamente cuando llega el momento de publicar sus resultados. Esto supone definir planes de gestión de datos, condiciones de almacenamiento y preservación, criterios de anonimización y mecanismos que permitan comprender cómo se obtuvo y procesó la información.

A partir del diagnóstico desarrollado para la Universidad, la especialista sostuvo que existen capacidades sobre las cuales construir este proceso.

“La ciencia abierta en la Universidad Alberto Hurtado no está en cero. Hay una base importante que hay que trabajar y consolidar, pero cuenta con infraestructura, publicaciones y un proyecto editorial muy serio”, señaló Rubilar.

Uno de los próximos desafíos será articular estas capacidades mediante una gobernanza institucional que permita definir responsabilidades, criterios y procedimientos para la gestión del conocimiento, junto con avanzar en infraestructura tecnológica, repositorios, reglamentación y formación de la comunidad universitaria.

En este camino, la UAH cuenta además con capacidades que pueden dialogar entre sí. Durante la jornada se planteó, por ejemplo, la oportunidad de vincular la formación en Bibliotecología e Ingeniería Civil Informática con los desafíos asociados a la gestión de datos, repositorios y ciencia abierta, incorporando progresivamente estas competencias también en la formación de pregrado.

La conversación dejó instalada una idea que sintetiza el desafío que comienza a abordar la Universidad: avanzar hacia un conocimiento tan abierto como sea posible y tan protegido como sea necesario. Esto implica no solo responder a nuevas exigencias del sistema de investigación, sino construir criterios propios, capaces de reconocer las particularidades de las distintas disciplinas y formas de producir conocimiento en la UAH.

El proceso requerirá infraestructura, protocolos y nuevas capacidades, pero también diálogo entre quienes investigan y las distintas unidades de la Universidad. Como quedó planteado durante la jornada, la ciencia abierta comienza mucho antes de depositar una publicación o un conjunto de datos en un repositorio: supone preguntarse, desde el inicio de una investigación, qué conocimiento puede abrirse, cómo debe resguardarse y de qué manera puede volver a circular para generar nuevos usos y contribuir al bien común.

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