Para la hermana Helen Prejean, la dignidad humana no desaparece con una condena, por grave que sea el delito. Así lo planteó este miércoles 4 de noviembre en la primera sesión del ciclo “Cárceles, religión y sentido”, organizado por la Vicerrectoría de Identidad y Vinculación y el Instituto de Teología y Estudios Religiosos de la Universidad Alberto Hurtado.
En la sesión, titulada “¿Pierden su dignidad los culpables?”, la religiosa estadounidense conversó con el vicerrector Cristóbal Madero SJ y una veintena de personas que conocen de cerca el sistema de justicia y las cárceles chilenas.
Una dignidad que no se pierde con la condena
La tesis central de Prejean es que la dignidad no depende de la inocencia. Reconocerla en una persona condenada, explicó, no significa aprobar lo que hizo, porque cada ser humano vale más que lo peor que ha hecho.
Esa postura se formó junto a Patrick Sonnier, ejecutado en 1984 en la silla eléctrica de Louisiana por el asesinato de dos adolescentes. “Fue un crimen indeciblemente terrible”, reconoció, aunque sostuvo que la pena de muerte es por naturaleza una forma de tortura contra una persona indefensa.
El mismo argumento planteó a Juan Pablo II en una carta de 1997, en la que le pidió ayudar a la Iglesia a entender que la dignidad “no es solo para los inocentes, también para quienes son culpables”. En 1999, en St. Louis, el Papa calificó la pena de muerte de cruel e innecesaria. En 2018, Francisco modificó el Catecismo para declararla inadmisible. Prejean se definió como parte de ese largo diálogo eclesial, no como su única impulsora.
Del barrio St. Thomas al corredor de la muerte
Nacida en Baton Rouge en 1939, Prejean ingresó en 1957 a la congregación hoy conocida como Congregación de San José. En 1982, mientras vivía en el barrio popular St. Thomas de Nueva Orleans, comenzó a escribirse con Sonnier y se convirtió en su consejera espiritual.
Desde entonces ha acompañado a seis hombres hasta su ejecución y ha trabajado con familias de víctimas de homicidio. Su libro Dead Man Walking (1993) inspiró la película de Tim Robbins (1995), con Susan Sarandon y Sean Penn, y una ópera estrenada en 2000. Helen también es autora de The Death of Innocents y River of Fire.
Una justicia que restaure
“Lo que el ojo no ve, el corazón no lo puede sentir”, repitió durante la sesión, para explicar por qué conocer a las personas presas cambia la mirada sobre ellas. Por eso, planteó el desafío a los asistentes: “¿Cómo tenemos un sistema de justicia que reconozca que las personas han cometido un error, pero siguen siendo seres humanos?”.
Próximas sesiones del ciclo “Cárceles, religión y sentido”
El ciclo continuará los próximos miércoles de noviembre con las siguientes conferencias:
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Miércoles 11 de noviembre:
«¿Es posible la rehabilitación de mujeres condenadas?», con Nelly León.
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Miércoles 18 de noviembre:
«¿Tiene el cristianismo algo que decir a las personas privadas de libertad en Chile?», con Iván Navarro.
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Miércoles 25 de noviembre:
«¿Tatuajes como símbolos de espiritualidad en las cárceles?», con Gustavo Morello.
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