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Decano de Economía y Negocios Eduardo Saavedra: “En Codelco el desempeño no puede reducirse a una sola cifra, no es lo único que importa”

La discusión sobre los bonos en Codelco revela los desafíos de diseñar incentivos en empresas estatales, donde la rentabilidad, la sostenibilidad, la seguridad y el interés público deben equilibrarse en la evaluación de sus ejecutivos.

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Fuente: Ex-Ante

El caso de los bonos por producción en Codelco abre una pregunta más profunda que el monto de las compensaciones pagadas a sus ejecutivos. La cuestión de fondo es si una empresa pública puede adoptar, sin mayores ajustes, esquemas de incentivos propios del sector privado.

La respuesta, a la luz de lo ocurrido, parece clara: cuando los objetivos son múltiples, el desempeño es difícil de medir y la presión política está siempre presente, un bono mal diseñado puede terminar premiando justamente aquello que se quería evitar.

El problema no está en reconocer el buen desempeño. Toda organización necesita evaluar a sus directivos y exigir resultados. El punto es que en Codelco el desempeño no puede reducirse a una sola cifra. Producir más cobre importa, pero no es lo único que importa.

La empresa también debe cuidar su rentabilidad de largo plazo, la seguridad de sus trabajadores, la mantención de sus faenas, el impacto ambiental, la eficiencia energética y su capacidad futura de producción. Cuando el bono se amarra con demasiada fuerza al volumen producido, la señal que reciben los ejecutivos es simple: lo que se premia es cumplir esa meta, aunque otras dimensiones relevantes queden en segundo plano.

Esa es la lógica de los incentivos perversos. Si una tarea es más fácil de medir que otra, los esfuerzos tienden a concentrarse en la primera. En una compañía minera, la producción anual es visible, cuantificable y políticamente atractiva. En cambio, la mantención, la seguridad, la sostenibilidad o la calidad de las decisiones de largo plazo son más difíciles de observar. El riesgo, entonces, es construir una organización que se ordena en torno a una cifra y no necesariamente en torno a la eficiencia real de la empresa.

En una empresa pública, esta dificultad es todavía mayor. Codelco no tiene un dueño único con un objetivo simple. Sus dueños son todos los chilenos, pero esos dueños tienen preferencias diversas. Algunos esperan que la empresa maximice excedentes para el fisco. Otros valoran el empleo en regiones mineras.

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