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Carolina Sepúlveda, directora de Innovación y Transferencia: “Necesitamos una mirada de la innovación que mida los impactos sociales”

La Universidad Alberto Hurtado (UAH) presentó el Índice de Potencial Impacto Social de la Innovación (IPIS) en Innovobest 2026. La herramienta permite evaluar proyectos antes de su implementación, considerando su madurez tecnológica, la preparación de las comunidades para adoptarlos y su articulación con actores del territorio, con el objetivo de anticipar su impacto social y fortalecer la colaboración entre la academia, la industria y la sociedad.

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Fuente: El Mercurio

Una innovación puede tener una tecnología prometedora, un equipo preparado e incluso financiamiento para desarrollarse. Pero ¿qué tan cerca está realmente de generar un impacto en la sociedad? Esa es la pregunta que busca responder el Índice de Potencial Impacto Social de la Innovación (IPIS), una herramienta presentada durante la primera jornada de Innovobest 2026, encuentro internacional organizado por la Dirección de Innovación y Transferencia de la U. Alberto Hurtado (UAH).

Su funcionamiento fue explicado por Carolina Sepúlveda, directora de Innovación y Transferencia de la UAH, y Germán Tessmer, de la U. Nacional de Rosario (UNR), Argentina, quienes trabajaron en una metodología que busca anticipar el potencial impacto de los proyectos, sin tener que esperar hasta que sus resultados sean visibles.

“Necesitamos tener una mirada de la innovación bastante más amplia, una mirada que mida también los impactos sociales”, planteó Sepúlveda. Según explicó, tradicionalmente estas evaluaciones se han concentrado en aspectos técnicos y económicos, mientras que los resultados sociales suelen medirse una vez implementados los proyectos, lo que dificulta comparar iniciativas y tomar decisiones durante su desarrollo.

Para abordar ese desafío, IPIS funciona mediante una plataforma tecnológica que combina tres dimensiones: la madurez tecnológica (TRL), que identifica cuánto ha avanzado una solución; la preparación social (SRL), que considera qué tan preparada está una comunidad para adoptarla, y la cadena de valor territorial, que evalúa las conexiones con socios, proveedores, distribuidores y otros actores necesarios para implementarla.

La idea es que investigadores, universidades y empresas puedan utilizar esta evaluación para identificar las fortalezas y debilidades de sus iniciativas antes de llevarlas al territorio. Por ejemplo, un proyecto puede contar con una tecnología avanzada, pero todavía carecer de vínculos con las organizaciones que permitirían distribuirla o acercarla a sus beneficiarios. En ese caso, el índice no solo detecta esa brecha, sino que permite reconocer qué aspectos requieren mayor desarrollo.

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